LA DIRIGENCIA doméstica del PAN se encuentra en una encrucijada: se ajusta a la efectividad pragmática de la línea nacional o se aferra a la liturgia de los principios locales en lo de las alianzas partidistas.

La reciente expresión azul con la visita del secretario general del CEN, Damián Zepeda Vidales, cursó entre la negativa del comité local para arrimarse al perredismo, y la puerta abierta que se consolida en el centro.

En otras palabras, el sublíder nacional como que respaldó y no a sus muchachos morelenses, y éstos se habrán quedado con las ganas de recibir un síganse de frente contra el PRD Morelos, tope donde tope.

EN CUANTO a la probable conjunción de fuerzas azules y amarillas para el proceso electoral del 2018, la fotografía de hoy es poco nítida, incluso, con los triunfos en siete de 12 gubernaturas recién jugadas.

El ascenso panista nacional, con cuatro gobiernos estatales en individual y tres por alianza, no corresponde a la fuerza particular en Morelos, con tres alcaldías de no mucho peso electoral y cinco diputaciones limitadas.

Hacia el ’18, la misma foto de hoy muestra ausencia de gallos con espolones para la gubernatura, salvo uno, pero sujeto a que los “iluminados azules” quieran o no darle la bendición para representarlos.

Y SI en Morelos hay algún grupo que realmente vería con muy malos ojos que el PAN y el PRD hicieran migas, no es más el de los azules, que el de los tricolores, que continúan con sus guerras intestinas.

La mano superior priista está clara en que esos jaloneos entre grupos locales pueden arrojar un nuevo episodio triste de lo ya visto en 2012, y para 2018 la probable alianza azul-amarillo haría todo más complicado.

Más aún, el factor Cuauhtémoc Blanco sería otro que a unos y a otros representaría la necesidad de modificar las posturas tradicionales con las que han ido a los concursos electorales. Diríase, viene peliagudo.

EN LA recta final, el arrastre lopezobradorista para Morelos se vería ya como elemento, si no determinante, atomizador de las opciones para el electorado. Hay mucho camino y andanzas por ver en dos años.

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