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DICE LA sabiduría popular, muy sabia -estilo filósofo de Güemes-, que “Palo dado, ni Dios lo quita”, sin embargo, los contrarios a la legalización del matrimonio igualitario en Morelos aún hacen su lucha.

La tarde-noche del martes ahí andaban “A Dios rogando y con el palo dando” para entrar al Congreso, buscando meter presión al cónclave legislativo, satanizándolo para que reculara en el derecho lésbico-gay.

Tan juntitos que se habían visto el obispo Ramón Castro y el rector Alejandro Vera en muchas luchas; esta vez el segundo hizo el vacío en la queja; en tanto, ya vio otra raja política en lo del predio Los Venados.

AÚN PROTESTADO, pasó en el Congreso y en el Constituyente Permanente el matrimonio igualitario, incluso frente a descompuestos opositores que llegaron a violentar la seguridad del Palacio Legislativo.

Y no, la suma de 6 votos (para 18 en total) por el terminajo de “afirmativa ficta” no es truco ilegal bajo la manga, ni novedad en Morelos; de hecho, bajo esa modalidad han pasado otros asuntos, y…

En 2012, el Legislativo de Morelos se manifestó contrario a modificar el 24 constitucional, y confirmó el 40, donde se quería echar abajo el estado laico. Otras entidades se pronunciaron vía “afirmativa ficta”.

Y REITERÓ el máximo jerarca de la Iglesia Católica en la primera quincena de enero reciente: “Si una persona es gay y busca al Señor y está dispuesto a ello ¿quién soy yo para juzgarla? Sus feligreses, menos.

En abril pasado, el Papa Francisco no reprobó la unión de personas del mismo género, dijo: “Toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetaba en su dignidad y acogida con respeto”.

Y en el fin de semana anterior Su Santidad expresó claro y fuerte: “Creo que la Iglesia no sólo debe pedir disculpas (…) a una persona homosexual que ofendió, sino hay que pedir perdón a los pobres…”.

AHORA SÍ que acá en Morelos resultaron más papistas que el Papa las buenas conciencias de algunos afiliados panistas y dos-tres líderes religiosos, así como oficiosos amantes del grito y sombrerazo callejero.

Por E. Zapata / [email protected] /  Twitter: @ezapata19