Aunque los hechos nos han dado lecciones muy duras, no podemos evitar que la llegada de un nuevo gobierno genere expectativas. Por ejemplo, yo no pierdo la ilusión de que diversas ideas plasmadas en este espacio estén, algún día, en los planes de gobierno. Es por eso que sigo escribiendo.
En esta línea de pensamiento quisiera exponer una vez más la que creo que debería ser la mayor revolución de la administración municipal: la descentralización del ayuntamiento.
Como las ciudades han crecido, muchos problemas que afectan a una colonia quedan desatendidos pues resultan muy pequeños a lado de los otros retos citadinos. Sin embargo, estos problemas son cruciales para la vida cotidiana de los habitantes de las colonias. Por ejemplo, una banqueta rota que impide el libre tránsito o una casa abandonada que afea una calle.
Para tratar de arreglar estos problemas, las personas acuden al municipio, pero el Ayuntamiento está ocupado resolviendo asuntos más graves o totalmente rebasado por las necesidades de la ciudad. Como resultado, la gente se siente desamparada, sin una autoridad a quien le importen sus problemas. Además, obviamente, el mantenimiento urbano está por los suelos.
Una manera de resolver este grave problema, sin necesidad de carretadas de dinero, es mediante la descentralización del municipio. Es decir, que en vez de tener una dirección de alumbrado público que atienda a toda la ciudad, en cada delegación haya un responsable del alumbrado que se encargue de la zona. Que en vez de tener una dirección para el barrido de las calles, en cada delegación haya alguien responsable de que las calles estén limpias en esa circunscripción.
Para que esto sea posible, hay que transformar las delegaciones municipales y convertirlas en verdaderas oficinas administrativas. Hasta el momento han sido espacios sin sustancia donde se nombran representantes partidistas con poca preparación y cuya función es tener contentas a las clientelas políticas.
Cambiar eso, nombrar personas con el perfil profesional adecuado y darles facultades para resolver problemas es lo que se necesita. Además se podría complementar con una política fiscal que permita que cierto porcentaje del predial regrese a las zonas donde se recaudó para que las colonias y las delegaciones tengan cierta libertad financiera para emprender proyectos especiales.
Esto no es un invento sino un principio de la ciencia política llamado subsidiariedad y que se encuentra reconocido por el Tratado de la Unión Europea. Se trata de una palabra que engloba la concepción de que las decisiones serán más adecuadas si se toman más cerca de las personas afectadas.
Es decir, en vez de que el nivel más alto tenga más competencias, es el menor quien tiene más facultades. La autoridad más cercana a los ciudadanos debe ser la que resuelva los problemas y solo en caso de que ese nivel de gobierno no cuente con posibilidades para hacerlo, entonces se traslada el asunto a una autoridad de mayor nivel.
Así que descentralizar al municipio puede ser una verdadera revolución. ¡Además no tiene costo! Para hacerlo no es necesario reformar leyes o esperar a que bajen millones de pesos de la federación. Simplemente hay que tener voluntad política. Ojalá alguno de los candidatos retome la idea.
Además opino que debe construirse un parque lineal sobre las antiguas vías del tren de Cuernavaca. La ciclopista de Vista Hermosa es un ejemplo que puede ser replicado a lo largo de toda la vía. Cuernavaca necesita espacios públicos y ahí hay un gran terreno desperdiciado.

Por: Vera Sisniega

www.verasisniega.org

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