¡Terminaron las precampañas! Sí, ese tiempo durante el cual, en teoría, los partidos tuvieron procesos de selección interna y los ciudadanos sin militancia “no” sufrieron del bombardeo publicitario. El calendiario electoral establece ahora dos meses de silencio para los candidatos, que, si resultan tan falsos como el asunto de las precampañas, seguramente habrá más ruido que paz. Sin embargo, algo tendrán que hacer para parecer que “no” están en campaña y ojalá que, como arte de esa activida, se avoquen a desarrollar sus propuestas pues la presentadas hasta este momento han sido terriblemente pobres.  
Yo por mi parte, utilizaré este tiempo para poner sobre la mesa propuestas que considero viables para Cuernavaca, con la esperanza de que algún candidato las retome. Lo he dicho varias veces, la ciudad necesita proyectos que sean posibles económicamente. Es decir, que cuesten poco y aporten mucho al bienestar colectivo.
Cuernavaca no tiene dinero para grandes obras, necesita políticas públicas creativas que desaten su potencial y la saquen del letargo en el que se encuentra. Cuernavaca no avanzará si sus habitantes no le tienen fe, es decir, creen que aquí se puede ser exitoso, realizarse y vivir bien.
Para que lo anterior ocurra, el gobierno tiene que demostrar que Cuernavaca sí puede cambiar, que sí hay innovación y logros colectivos. Así que las prioridades gubernamentales deben enfocarse justamente en eso, en entusiasmar a los habitantes con la ciudad, algo que pasa por mostrar que podemos cambiar en cosas muy concretas.
Por ejemplo,  el tráfico es uno de los probelmas más graves de la capital del estado. Como no se tiene un transporte público de calidad, la ciudad tiene más coches de los que debería. Eso afecta directamente la calidad de vida, pues en vez de destinar tiempo a actividades económicas, familiares o recreativas, las personas pierden valiosas horas  transportándose.
Una política pública que podría disminuir la congestión vial y no costarle al ayuntamiento es implementar el transporte escolar obligatorio en las escuelas particulares. En la Ciudad de México esto ocurre desde 2007, como una política gradual. Es decir, comenzó por las escuelas con mayor número de alumnos y tardará hasta quince años en abarcar la totalidad de las instituciones educativas.
En la capital del país se sabe que, a la entrada o salida de clases, cerca del 25 por ciento de los automóviles en circulación lleva o trae estudiantes. El porcentaje aumenta  al  50 por ciento en las escuelas particulares, además de que cada vehículo solo transporta un promedio de 1.3 alumnos.
Sin temor a exagerar, podemos afirmar que los veinticinco mil alumnos de las escuelas privadas de la ciudad ponen en circulación al menos doce mil automóviles, motivo por el cual hay puntos de la ciudad que, en las horas pico escolares,  se vuelven intransitables.
Aunque los principales afectados son quienes viven cerca de una institución educativa,  y en muchas ocasiones externan su inconformidad por medio de  asociaciones vecinales que luchan por disminuir la matrícula o incluso cerrar de alguna escuela, toda la ciudad se ve alterada.
En cambio, si en esas escuelas se utilizara transporte escolar el problema sería mucho menor. Un autobús escolar transporta el mismo número de alumnos que treinta automóviles, entonces en vez de tener 12 mil coches más circulando a la hora y entrada de las escuelas, tendríamos solo 400.
Para facilitar su adopción se podrían aplicar incentivos fiscales a las escuelas y comenzar por las instituciones que más conflictos viales generan.
Mario Molina, premio Nobel de Química, ha dicho al respecto: “Evidentemente hay gente que se va molestar, pero si se espera el beneficio de toda la ciudad, pues no cabe duda que es la decisión que debe tomar la sociedad y el gobierno”. Estoy segura de que todos agradeceríamos menos congestión vial para dedicar nuestro tiempo a actividades más valiosas que estar parados en el tráfico.
Además opino que debe construirse un parque lineal sobre las antiguas vías del tren de Cuernavaca. La ciclopista de Vista Hermosa es un ejemplo que puede ser replicado a lo largo de toda la vía. Cuernavaca necesita espacios  públicos y ahí hay un gran terreno desperdiciado

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org