AHORA: En estos días de campaña electoral algunos candidatos a la presidencia de la república han dicho que eliminarán la reforma energética, sin duda tienen el derecho de expresar sus ideas y propósitos, de proponer un modelo energético y de desarrollo diferente para México.
Para revertir el actual marco legal en materia de energía tendrán que reformar los artículos 25, 27, 28; que a la fecha señalan: Que el gobierno federal mantendrá siempre la propiedad y el control sobre los organismos y empresas productivas del Estado, y sobre la planeación y el control del sistema eléctrico nacional, del servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica, y de la exploración y extracción de petróleo y demás hidrocarburos. Lo obligan también a con criterios de equidad social, productividad y sustentabilidad apoyar e impulsar a las empresas de los sectores social y privado de la economía, sujetándolas al interés público y al uso, en beneficio general, de los recursos productivos, cuidando su conservación y el medio ambiente. La propiedad inalienable e imprescriptible de la Nación sobre el petróleo y de los hidrocarburos sólidos, líquidos o gaseosos, en el subsuelo.
Esto es lo quieren cambiar, sin decirnos con precisión que es lo que proponen.
Hoy existen ya en México 43 marcas diferentes de gasolineras, que podrán empezar a comercializar gasolina que importen o produzcan, no hay límite para que empresas o inclusive familias en sus casas o terrenos produzcan energía para su uso y la vendan de forma directa a consumidores.
Reducir la reforma energética a la idea de una reducción de precios en nuestros recibos de luz y pago de gasolina es reduccionista y equivocado. 

AYER: El gobierno tenía el monopolio en materia de hidrocarburos y energía eléctrica. Petróleos Mexicanos, Compañía de Luz y Fuerza del Centro y Comisión Federal de Electricidad controlaban monopólicamente la cadena de valor de la energía en México.
En el siglo XX el desarrollo de México llevó al gobierno a expropiar la explotación del petróleo en 1938 con Cárdenas, y a nacionalizar la industria eléctrica en 1960 con López Mateos. Las empresas privadas que controlaban esas industrias no satisfacían el abasto en cantidad y precio que requerían la industria nacional, los centros urbanos y las comunidades rurales. Eran un obstáculo al crecimiento de nuestra economía y de servicios básicos a las familias como gasolina y energía en el campo y las ciudades. El gobierno realizó un esfuerzo de inversión que las empresas privadas no hacían.
En el siglo XIX el gobierno no tiene recursos para invertir en el sector energético para garantizar la energía suficiente para el desarrollo nacional sin reducir la inversión en otras áreas prioritarias como salud y educación.

FUTURO: La participación de inversión privada, pública y social permitirá incrementar la generación de electricidad, de reservas petroleras, de almacenamiento y distribución de energéticos, de energías limpias y renovables.
En seguridad energética tendremos capacidad de almacenamiento en gasolina de 10 a 13 días de consumo en lugar de los 3 que tenemos hoy. Se unirá el sistema eléctrico de Baja California al sistema nacional y se construye nueva línea de transmisión del Tehuantepec al centro del país
Nuestro voto puede ser para eliminar la reforma energética, si eso es lo que queremos votemos por quien lo propone, pero asumamos la consecuencia de ese voto, sepamos que estaremos regresando al Estado que ejercía actividades monopólicas en materia de energía, que la inversión de capital no gubernamental no existirá y en consecuencia las inversiones que se hagan en el sistema eléctrico nacional, en la red de gasoductos, hidrocarburos, energías renovables y nuclear serán solo las que el presupuesto de gobierno destine para ellas. Entendamos que ese recurso es dinero que se deja de invertir en otras acciones e infraestructura tales como salud, educación, campo, etc. 
Votar por el candidato que ofrece cancelar la reforma energética es votar para perder la oportunidad de impulsar el desarrollo y la seguridad energética. 

Por: Carlos Riva Palacio Than / [email protected]

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