En fechas recientes hemos visto diversas manifestaciones de indignación ciudadana debido a la tala de árboles en la ciudad. Dos de los casos más recientes son el de la calle Paseo del Conquistador,  donde al parecer una Farmacia del Ahorro cortó dos árboles de buen tamaño, y el de la colonia Rancho Cortés, donde una gasolinera en construcción derribó varios árboles.
En ambos casos, los vecinos protestaron sin éxito. En la colonia Maravillas, el problema fue que la manifestación ocurrió después de la tala; en el caso de Rancho Cortés, los vecinos no pudieron hacer mucho pues el establecimiento contaba con los permisos requeridos.
 Lo anterior demuestra que cada día son más los habitantes de Cuernavaca que no están de acuerdo con que se sigan talando árboles. Poco a poco, ha crecido la conciencia sobre su importancia.    
Sin embargo, esta actitud está muy lejos de la visión oficial, reflejada en los reglamentos, que solo pondera el valor de un árbol desde el punto de vista biológico. Por ejemplo, si la especie no es originaria de Cuernavaca se puede talar, si, además, es pobre en cuanto a producción de oxígeno, también puede derribarse. Bajo este criterio la ciudad lleva décadas siendo deforestada legalmente.
La pérdida de vegetación en la ciudad coincide con su decadencia. En la medida que  disminuyen los árboles, Cuernavaca pierde  belleza y personalidad.
Los árboles tienen una importancia estética, definen cómo se ve una calle, un comercio, la ciudad en general. Además, poseen importancia económica pues la estética citadina determina también el tipo de negocios que habrá.
También tienen un impacto climático pues, independientemente de las propiedades ambientales respecto al oxígeno, ayudan a reducir la temperatura de las zonas donde se encuentran. Eso tiene una importancia crucial, sobre todo en una zona caliente como la nuestra. Un clima templado es, de alguna manera, sinónimo de mejor calidad de vida.
Por otro lado, los negocios, particularmente las cadenas comerciales, tienen sus propios códigos estéticos. Por lo general  quieren espacios abiertos y limpios, en donde nada tape sus letreros y ni la vista de su local. Por eso todos se ven igual y seguramente esa fue la razón por la que, para la gasolinera y la farmacia, los árboles eran un problema.
Por ello, así como las franquicias cuando abren un establecimiento en el centro histórico de alguna ciudad deben ceñirse a los lineamientos que establece el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH),  en Cuernavaca debería ocurrir algo igual al construir.   
Para que esto resulte, habría que tener un manifiesto estético de la ciudad donde se especifique cómo queremos que luzca así como una serie de lineamientos a seguir para lograr ese objetivo y a los que los establecimientos comerciales deberían adaptar su diseño. Este manifiesto no solo serviría para que las construcciones no puedan eliminar árboles o vegetación sino que también funcionaría para incentivar que se construya a partir de una estética particular.
Aquí una propuesta tentativa de manifiesto. Por supuesto, esto habría que construirlo con base en la opinión de los expertos y a partir de una amplia participación ciudadana.
Uno. Cuernavaca es una ciudad que se caracteriza por la exuberancia de sus plantas, árboles y flores, esta particularidad deberá preservarse y estimularse a través de la estética urbana.
 Dos. Las calles de la ciudad deberán estar arboladas. Tanto los camellones como las banquetas tendrán que contar con árboles, de preferencia, que generen sombra, floreen y sean nativos de Cuernavaca.
Tres. Las fachadas y los muros de toda construcción deberán contar con plantas que los cubran por completo y oculten los materiales de construcción. Lo anterior permitirá contar con miles de metros cuadrados de muros verdes.  
Cuatro. Los estacionamientos deberán tener árboles que generen sombra y contribuyan a que la ciudad se caracterice por su verdor.
Cinco. En cada construcción deberá sembrarse, al menos, una bugambilia.  
    Además opino que debe construirse un parque lineal sobre las antiguas vías del tren de Cuernavaca. La ciclopista de Vista Hermosa es un gran éxito que puede ser replicado a lo largo de toda la vía. Cuernavaca necesita espacios  públicos y ahí hay un gran terreno desperdiciado.

Por: Vera Sisniega

www.verasisniega.org