Las encuestas sirven para darnos sólo una idea de la opinión ciudadana sobre un tema específico. En el caso de los procesos electorales, desde 1994 el INE regula la publicación de encuestas bajo la primicia de la transparencia, con la finalidad de ofrecer a la sociedad mediciones de pequeñas muestras para valorar el sentir público.
Pero siempre hay un margen de error, el mejor ejemplo es el de Andrés Manuel López Obrador, que siempre ha tenido vía las encuestas el sabor del triunfo y eso lo ha hecho equivocarse.
A menos de un mes de las elecciones seguimos viendo a otros candidatos que se nombran ganadores, y eso los hace perder el piso y dormirse en sus laureles pensando en un triunfo rotundo, porque creen firmemente en esa herramienta que son las encuestas.
El 1 de julio ya está muy cerca y la ciudadanía decidirá su veredicto. Por eso hay que vernos en otros espejos: en Estados Unidos, el 8 de noviembre de 2016 fue el día de las elecciones. Ese martes las encuestas señalaban como ganadora a Hillary Clinton, quien estaba arriba de Donald Trump por 7.2 puntos, según la media de sondeos de “Real Clear Politics”, que es el símil de lo que conocemos aquí en México como la empresa “Oraculus”. La mitad de los votantes sufragarían por ella, para evitar que ganara su oponente, de acuerdo con Reuters/Ipsos.
El mayor daño a Clinton no provino de Trump, sino que fue provocado por los expertos y encuestadoras que señalaban un panorama súper triunfalista y de fiabilidad, provocando que millones de sus votantes no creyeran necesario asistir a dar su voto el día de la elección, por lo que decidieron quedarse en casa.
También aquí en México se demostró que las encuestas están obsoletas y en liquidación, así como en todo el mundo. En 2016 vimos en las votaciones intermedias que las encuestadoras daban al PRI 9 de 12 estados… pero el PAN acabó ganando 7. Esto sucede porque la gente dice más la verdad en el anonimato que cara a cara en las encuestas.
Rubén Cortés, director del periódico La Razón, nos dice que siempre que sea legal, llegue quien llegue a gobernar en una democracia es un acierto del sistema democrático; estos países escogen por la vía de las urnas quien los regirá y representará.
En su opinión, la llegada a gobernador de una persona iletrada y sin experiencia en la política es un ejemplo de la discapacidad que ha registrado México en su avance democrático en el último cuarto de siglo. Una discapacidad demostrada en un decrecimiento alarmante en el nivel educativo y cultural debido al sistema educativo que estuvo conducido por Elba Esther Gordillo y el SNTE; esto que vivimos es el resultado de que la Reforma Educativa no puede aún entrar en vigor justo por esta oposición y una mala educación, la cual equivale a una mala capacidad de elección.
Por eso, es el momento de que la sociedad de Morelos despierte y se manifieste, es importante votar y demostrar que somos un estado preparado, culto y con capacidad de elegir al candidato que se acerque más a llevar por buen camino el crecimiento que se necesita, con programas y propuestas elaboradas de la mano con la ciudadanía.
Es ofensivo pensar en incidir en la voluntad de las personas engañándolas con falsas promesas y vendiéndoles cuentos de hadas de realidades que no existen. El camino de un estado no se puede regir desde una cancha, con un capitán que siempre se ha manejado de manera visceral.

Por: Paula roca / [email protected]

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