A veces uno se pregunta cómo se destruyeron los canales de la Ciudad de México. ¿Cuándo la capital del país dejó de ser un lugar veneciano y se convirtió en la mole de cemento que hoy vemos?
Mientras se secaban los canales y se entubaban los ríos ¿qué pensaban sus habitantes? ¿Cómo fue que permitieron que sucediera? ¿Cómo no se dieron cuenta de la belleza que se perdía?
Como es difícil contestar a estas preguntas, nos refugiamos en la idea de la ignorancia en el pasado. Es decir, pensamos que eso sucedió debido al escaso conocimiento que existía en esa época sobre la naturaleza y los problemas que acarrea su destrucción.  
Sin embargo, hoy en nuestras narices se destruye el patrimonio de Cuernavaca. En la zona de Chapultepec, los ejidatarios están tapando los apantles de agua con hojas de concreto.
Algunas personas creen que así se evitará la contaminación, pues la gente ya no tirará basura. No obstante, eso es una visión muy simplista sobre el asunto. Lo que realmente destruye los cauces es su mezcla con las aguas negras.
Por supuesto, la contaminación con agua del drenaje es siempre un peligro. Sin embargo, el proceso se facilita si el líquido no se ve, pues nadie se entera si se ha  contaminado. Por el contrario, si el agua está a plena vista, puedes olerla, ver si cambia de color y dar la señal de alarma si existe contaminación.
 En este caso no es el gobierno quien está destruyendo el patrimonio de la ciudad, sino los ejidatarios de Chapultepec que, aunque tienen una concesión de agua para uso agrícola, la utilizan para un balneario y para el boyante negocio de las pipas de agua.
En la medida que el sistema de agua potable de Cuernavaca pierde eficiencia crece el negocio de las pipas. Por supuesto que lo anterior despierta la ambición de muchos, al grado de llevarlos a tapar el agua que lleva siglos a la vista de todos. Las pipas son un negocio donde priva la corrupción, no se respetan las tarifas que establece la Ley de ingresos y el líquido se vende a precios muy superiores a los establecidos por la norma.
Si bien el gobierno no está involucrado de manera directa en este hecho,  sí sería importante conocer su postura acerca del tema. Hasta el momento ninguna autoridad se ha pronunciado claramente sobre el caso. También sería interesante conocer la opinión ue sobre el asunto tienen los precandidatos.
Los apantles de la ciudad, ciertamente, son un patrimonio que tenemos olvidado, a los que, en vez de darles la importancia que tienen y presumirlos, hemos dejado como algo residual. Eso habría que modificarlo y construir un espacio público de calidad a lo largo del cauce.
Es hora de frenar la destrucción del canal o en unos años diremos como decimos de tantas cosas en la ciudad que hoy vemos con nostalgia: ¿te acuerdas cuando por aquí corría agua cristalina y los niños nadaban en el apantle?
Posdata. Ayer se anunció el Festival Internacional de la Primavera, es un avance en la dirección correcta, pero para garantizar su continuidad y mejores resultados, debería de ser  organizada por un patronato privado y no por el gobierno.
Además opino que debe construirse un parque lineal sobre las antiguas vías del tren de Cuernavaca. La ciclopista de Vista Hermosa es un ejemplo que puede ser replicado a lo largo de toda la vía. Cuernavaca necesita espacios  públicos y ahí hay un gran terreno desperdiciado

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org