EL festival de los cerezos se celebra anualmente, desde 1934, en Washington DC, la capital de Estados Unidos. Durante cuatro semanas, la ciudad festeja el florecimiento de estos árboles de flores rosadas y blancas, originarios de Japón, y llegados a este país en 1912, cuando el gobierno japonés regaló al estadounidense tres mil de estos ejemplares y con ello comenzó la tradición.
Actualmente, Washington tiene miles de cerezos que son un rasgo distintivo de la ciudad. Sin embargo, estos árboles solo florean una vez al año y sus flores duran apenas unas semanas.
En general,  su florecimiento coincide con el inicio de la primavera aunque cada año las fechas varían un poco pues los cerezos no se abren en los mismos días. Es justo para celebrar ese momento mágico y único que se celebra un gran festival.
El evento dura cuatro semanas y atrae a casi un millón de visitantes cada año. La gente pasea entre los árboles, pero también disfruta de otras actividades como conciertos,  clases de jardinería, desfiles, concurso de papalotes, fuegos artificiales, actividades artísticas, etcétera.
El festival lo organiza una asociación en la que participan organismos empresariales, comerciales, gubernamentales; es decir, no es el gobierno quien carga con todo el paquete. De forma adicional, miles de comercios, hoteles, restaurantes, decoran sus fachadas con el tema del festival. Toda la ciudad se sumerge en este gran evento que es un orgullo para sus habitantes.
El festival de los cerezos es un gran ejemplo de cómo las ciudades pueden hacerse de recursos sin necesidad de grandes inversiones. Para atraer visitantes, para generar personalidad, no se requieren millones de pesos sino creatividad e inteligencia y  encontrar potencial ahí donde no parece haber.
En Cuernavaca se podría hacer algo muy similar con los árboles guayacanes que florean espectacularmente dos veces al año y pintan de amarillo a la ciudad, o con los árboles primavera con sus flores rosadas. Se podría hacer un proyecto para sembrar muchos más de éstos y hacer durante su florecimiento en un gran festival.
En comparación con otros proyectos, que no hay manera de pagar, ¿cuánto podría costar reforestar la ciudad con árboles coloridos que doten de belleza y personalidad a Cuernavaca? Es más, ¿por qué no hacerlo los ciudadanos en vez de esperar a que el gobierno lo haga?
Lo anterior no está peleado con exigirle a los candidatos a la alcaldía proyectos creativos en vez de los mismos lugares comunes que cada tres años nos quieren recetar. Hoy más que nunca, Cuernavaca necesita ideas innovadoras y realistas que le permitan salir adelante.
¿Cuál candidato incluirá entre sus propuestas la de reforestar la ciudad con árboles coloridos para que en unos años podamos tener un gran festival que atraiga miles de visitantes, deje una gran derrama económica y, sobre todo, nos llene de orgullo?
Además opino que debe construirse un parque lineal sobre las antiguas vías del tren de Cuernavaca. La ciclopista de Vista Hermosa es un ejemplo que puede ser replicado a lo largo de toda la vía. Cuernavaca necesita espacios  públicos y ahí hay un gran terreno desperdiciado

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org

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