Ya lo dicen los clásicos, el primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Lo que no se nombra queda en el aire sin asirse para estudiarse y encontrar soluciones.
Por eso, es tan buena noticia que la organización ciudadana Opciona enfocada a luchar contra la corrupción y dirigida por el cuernavacense Gustavo Rivera y el empresario Alejandro Legorreta decidieran iniciar su labor recopilando los eufemismos más comunes para referirse a la corrupción sin llamarla por su nombre. A este sumario lo convirtieron en libro y lo llamaron El corrupcionario. Sus autores lo describen así:  
 “Hicimos un compendio de 300 palabras asociadas a un fenómeno tan internalizado en nuestra sociedad como lo es la corrupción, para ponerles nombre y apellido a situaciones, personajes y acciones terribles que, maquillados por la cotidianidad, nos parecen normales. Llamarle pan al pan, vino al vino y corrupto al corrupto es, a la vez, el primer paso para señalar y borrar la apatía con la que permitimos la corrupción en las altas esferas de la política y la vida pública, pero también la que generamos, toleramos y fomentamos en nuestra vida diaria.”
“Corrupcionario mexicano es un libro para que riamos, pero sobre todo para que reflexionemos. Es un compendio de sólo algunos términos o frases que escuchamos en nuestro microuniverso habitual y que, junto a las ilustraciones de algunos de los mejores los caricaturistas de Mexico que se han sumado al proyecto, transforman esta obra en una invitación a que seamos el cambio que este país necesita.”
Este necesario y divertido libro lo presentan sus autores hoy a las 10 de la mañana en la UAEM, en el auditorio de la Facultad de derecho y ciencias sociales. Este evento no tendrá un formato tradicional sino que busca crear un espacio de reflexión colectiva acerca de los retos que en materia de corrupción enfrenta Morelos. Ojalá pueda asistir, estimado lector.
Es fácil pensar que la corrupción no nos afecta, sin embargo, somos sus víctimas permanentes. Un ejemplo cercano es la falta de agua que este fin de semana sufrieron diversas colonias de Cuernavaca debido a que SAPAC no pagó la luz que ocupan los pozos.
Actualmente, SAPAC utiliza el 26 % de su presupuesto para pago de electricidad, es decir, casi 89 millones de pesos anuales. Sin embargo, desde 2014 SAPAC tiene en su poder un estudio financiado por el Banco Interamericano que revela que existe un gran espacio para disminuir el gasto energético de los equipos de bombeo.
De acuerdo con el estudio, SAPAC podría ahorrar 39 millones anuales en consumo de luz si cambia las bombas. Para modernizar los equipos se necesita una inversión de 103 millones de pesos la cual, dado el ahorro energético que se generaría, se recuperaría en dos años y medio.
Además de los ahorros económicos que esto supone, un mejoramiento de la eficiencia energética de las bombas tendría impactos ambientales positivos y eso, claro,  sin mencionar cómo beneficiaría la calidad del servicio. La gente no tendría que salir a las calles a manifestarse, pues tendrían mucho mejor servicio.
Sin embargo, en vez de que se invierta en el cambio de las bombas, SAPAC incrementa su nómina. En vez de que se utilice el dinero con honestidad, el anterior director de SAPAC está demandado penalmente por desvío de recursos por el propio alcalde. Esa es la corrupción que nos lacera todos los días y de la que hoy se hablará en la UAEM. ¡No falten!

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org

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