En Cuernavaca no necesitamos un presidente municipal que piense en grande, por el contrario, lo que necesitamos es uno que piense en pequeño. Que en vez de estar teorizando sobre cómo resolver los problemas de violencia e inseguridad en el país, se preocupe por eliminar los asaltos en una determinada esquina o la falta de iluminación en el parque.
Que en lugar de hablarnos de grandes ideas para el desarrollo económico, repitiendo lo que todos los políticos dicen, tenga claro cuáles trámites quitar para facilitar la apertura de negocios o cuáles zonas de Cuernavaca se deben desarrollar.
Que en vez de soñar con pasos a desnivel y viaductos elevados, tenga ideas claras  sobre a cuál calle cambiarle el sentido para mejorar la circulación o las horas cuando debe restringirse el estacionamiento para mejorar el flujo vehicular.  
Que en lugar de acudir anualmente a la Cámara de Diputados para conseguir dinero adicional, encuentre áreas de oportunidad en el propio municipio, como son el predial y las licencias de anuncios comerciales,  para generar más recursos.  
Que en vez de incrementar el número de trabajadores del Ayuntamiento, motive a la población para participar y hacer tareas por la ciudad.
Que en lugar de perder el tiempo en eventos políticos y de relaciones públicas, que no les sirven de nada a los ciudadanos, ocupe su tiempo recorriendo la ciudad.
Que en vez de utilizar las redes sociales para mandar bendiciones, efemérides o presumir fotos con gente famosa, las utilice para convocar a la participación y al rescate conjunto de la ciudad.
Que en lugar de decirnos que él solito resolverá todos los problemas, diga con claridad que se requiere de todos los habitantes para que la ciudad avance.
Que en vez de decirnos que no hay dinero para resolver los problemas, tenga la imaginación y creatividad para, sin dinero, encontrar soluciones.  
Que en lugar de vendernos las glorias pasadas de la ciudad y repetirnos lo inigualable que es Cuernavaca, ayude a construir un proyecto de futuro realista.
Que en vez de preocuparse por la población en general, tenga claro que los niños y las personas de la tercera edad son prioritarios y que necesitamos construir una ciudad para ellos.
Que en lugar de creer que los accidentes no se pueden prevenir, encuentre una medida preventiva para cada esquina y cruce donde han atropellado peatones.
Que en lugar de crear nuevos reglamentos o promover leyes, se concentre en lograr que se respeten las existentes.  
Que en vez de llegar al poder a ver qué hace, tenga claro desde antes su proyecto de gobierno.  
Que en lugar de ideas millonarias, piense en proyectos de miles de pesos.  
Que en vez de trazar una línea infranqueable entre autoridad y sociedad, priorice el empoderamiento de la sociedad en las acciones gubernamentales.  
Que en lugar de creer que la ciudad debe ser sostenida por los visitantes de fin de semana, promueva su fortalecimiento económico.  
Que en vez de crear nuevas secretarías y oficinas con nombres pomposos, descentralice la administración municipal hacia las delegaciones.
En resumen, Cuernavaca no necesita un político de altos vuelos sino una persona con pasión por resolver los problemas más mundanos y cotidianos. ¿Habrá alguien así en la boleta del 2018?

Por: Vera Sisniega /  www.verasisniega.org