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Una vez más la contaminación del aire alcanzó a la ciudad de México. La magnitud del problema es tal que, incluso, los autos nuevos no podrán circular uno o dos días a la semana. Los habitantes de la capital están muy molestos con la medida, pero ante la emergencia ambiental no parece haber alternativa. 
En Cuernavaca, de acuerdo con el secretario de Desarrollo Sustentable, Topiltzin Contreras,  la calidad del aire se ha deteriorado, pero aún no sufrimos los niveles que hay en  la capital del país. Sin embargo, sería momento de aplicar el dicho popular de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y empezar a prevenir. 
Una medida que debería tomarse en cuenta seriamente es la del transporte escolar obligatorio. Se sabe que en la ciudad de México, durante la entrada o salida de clases, cerca de 25 por ciento de los automóviles en circulación llevan o traen estudiantes. Este porcentaje sube al  50 por ciento en las escuelas particulares, además de que cada vehículo transporta un promedio de 1.3 alumnos.
Dado que la ineficiencia de nuestro transporte público es muy probable que, en Cuernavaca, sea mayor el porcentaje de padres motorizados. Sin temor a exagerar, podemos establecer que los veinticinco mil alumnos de escuelas privadas en nuestra ciudad ponen en circulación al menos doce mil automóviles, motivo por el cual hay puntos de la ciudad que, en las horas pico escolares, se vuelven intransitables. 
Los principales afectados son los vecinos que viven cerca de una institución educativa quienes, incluso, externan su inconformidad por medio de  asociaciones vecinales que luchan por disminuir la matrícula o cerrar alguna escuela, aunque en realidad toda la ciudad se ve alterada. Todos los habitantes somos víctimas. 
Hay dos soluciones posibles para este problema. La primera es apostar por más obras viales; la segunda, mucho más sustentable, es mejorar el transporte público y escolar, como en la ciudad de México, donde es  obligatorio desde el 2007. 
Aunque este programa no está exento de polémica, sí disminuye la congestión vial, sobre todo alrededor de las escuelas. Su aplicación ha sido gradual. Comenzó por las instituciones educativas con mayor número de alumnos y tardará hasta quince años en abarcar a todas.   
Cuernavaca está llegando al límite de sus capacidades ambientales. Necesitamos soluciones baratas que ataquen las causas de los problemas y no paliativos de alto costo.  Ha llegado el momento de discutir alternativas como el transporte escolar obligatorio. Para facilitar su adopción se podrían desarrollar incentivos fiscales para las escuelas y comenzar por los colegios que más conflictos viales generen.  
El premio Nobel de química, Mario Molina, ha dicho al respecto: “Evidentemente hay gente que se va molestar, pero si se espera el beneficio de toda la ciudad, pues no cabe duda que es la decisión que debe tomar la sociedad y el gobierno”
Un autobús escolar transporta el mismo número de alumnos que treinta  automóviles. Estoy segura que todos agradeceríamos una menor congestión vial y poder dedicar nuestro tiempo a actividades más valiosas que estar atascados en el tráfico.  

Por: Vera Sisniega  /  www.verasisniega.org