Los automovilistas no somos las principales víctimas del gasolinazo. Los verdaderos heridos por el incremento de la gasolina son los usuarios del transporte público. Quienes menos tienen y dependen de este medio para trasladarse a sus trabajos o a la escuela, serán los más afectados. 

Tan claro es lo anterior que en algunos estados como Jalisco y Nuevo León se discute ya la posibilidad de subsidiar al transporte. Es decir, que en vez de que los usuarios paguen el incremento en la tarifa, sea el  gobierno quien absorba el costo. 

La alternativa no es fácil, destinar presupuesto para subsidiar el transporte implica quitar dinero para algo más. Por ejemplo, en Nuevo León se debate si para a mantener las tarifas vigentes del transporte se requerirá  trasladar el financiamiento destinado  a la ampliación del metro. 

En cambio, en Morelos el jueves entrará en vigor la nueva tarifa del transporte. Ahora costará 8 pesos en vez de 6.50. Este incremento, que para muchos puede no ser significativo, lo será para la mayoría.  Si un niño toma dos rutas para ir a la escuela y otras dos para regresar, se gastará 120 pesos más al mes. Si una familia tienes tres hijos serán casi 400 pesos mensuales adicionales tan solo para que sus hijos asistan a la escuela.

Por supuesto, los papás difícilmente tendrán un incremento de esa magnitud en sus sueldos, así que para poder pagar las nuevas tarifas tendrán que destinarle menos dinero a otras cosas importantes o, de plano restringir, su movilidad. Ya no salir de su casa salvo que sea indispensable y cosas así.

Esto, claro, hace aún más imaginario el derecho humano a la movilidad, pues aunque en teoría tienes el derecho a desplazarte por donde te dé la gana, en la práctica no te alcanza para hacerlo. Esto se suma a la larga lista de desigualdades que lastiman a la sociedad. Mientras algunos decidimos nuestra agenda de esparcimiento, sin pensar demasiado en cómo nos trasladaremos, la mayoría toma esa decisión pensando en primer lugar en eso. 

Por eso, un transporte público accesible es crucial para el ejercicio de otros derechos fundamentales. Así que subsidiar el transporte público no es tan mala idea como hacerlo con  la gasolina. Claramente,  el transporte público lo utilizan quienes menores recursos tienen y además no contaminan tanto como lo hacemos quienes manejamos. 

Sin embargo, un subsidio generalizado al transporte también puede tener sus bemoles, empezando por su alto costo.  Por el contrario, subsidiar el transporte público de los estudiantes puede ser mucho más viable presupuestalmente y más efectivo socialmente. 

Así sucede en la mayoría de las ciudades europeas y en varias estadounidenses y los estudiantes universitarios no pagan o tienen descuentos en el transporte público. 

En uno de sus mensajes de la semana pasada, Enrique Peña Nieto dijo que se buscarán medidas para ayudar a los más afectados por los incrementos de las gasolinas. Una medida que su gobierno debería analizar es justamente la de subsidiar el transporte público de los estudiantes. 

En Morelos valdría la pena empezar a revisar el costo y los beneficios de esta medida. Tal vez es mucho más eficiente que programas como la beca salario. Es cosa de que los especialistas revisen el tema.

Opinión
Vera Sisniega
www.verasisniega.org

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