Estamos justamente en la época durante la cual se decide cómo se gastará el presupuesto del gobierno, es decir, el dinero de los  ciudadanos, el próximo año. Tomar la decisión de cómo invertir los recursos es una de las atribuciones más importantes que tienen los gobernantes, pues el presupuesto es la herramienta más poderosa que poseen para transformar la realidad. 

Por ejemplo, si quieres mejorar la salud de la población forzosamente tendrás que invertir en hospitales, doctores y medicinas. Si buscas incrementar la calidad de la educación tendrás que construir escuelas, capacitar maestros y apoyar a los alumnos de escasos recursos. Si tu intención es mejorar los espacios públicos tendrás que poner iluminación, banquetas, cruces peatonales, bancas, etcétera. Es decir, cada meta que te propongas implicará un gasto. 

Por ser un tema tan importante, hace siglos se estableció que definir cómo gastar el dinero público debería ser una decisión compartida por los distintos poderes. Esto no solo permitiría que un poder controlase al otro sino que garantizaría que las prioridades en el gasto de los recursos fueran las de la sociedad. 

Así que en nuestro sistema político, el Poder Ejecutivo, es decir el presidente, el gobernador o el alcalde, envían su propuesta de gasto al Poder Legislativo, o sea al congreso o al cabildo, quienes deben aprobarlo y lo pueden modificar cuanto gusten. Esto, que en teoría debería asegurar que los recursos se gastarán correctamente, no sucede en la realidad en Morelos no sucede. 

Previo a la alternancia en el año 2000, era comprensible que el Legislativo no necesitara tal facultad, pues, justamente, el trabajo de un diputado era simplemente votar todo lo que el gobernador les pidiera. Sin embargo, tras la llegada del pluralismo al Congreso se esperaba que esto cambiara. 

No ocurrió así y, año con año, los diputados renuncian a su facultad más importante. Así que la aprobación del presupuesto, que debería ser uno de los grandes procesos democráticos anuales, es en realidad mero teatro. 

En Morelos en el mismo documento donde se aprueba el presupuesto, hay un artículo que le da  al Ejecutivo la facultad de hacer todos los cambios presupuestales que guste. En el decreto del 2016, el artículo trigésimo séptimo dice: “El gobernador, por conducto de la secretaría, autoriza la ministración, reducción, suspensión, cancelación y, en su caso, terminación de las transferencias y subsidios que con cargo al presupuesto de egresos se preven en este decreto.” Es decir, ¿qué sentido tiene que el Congreso apruebe el presupuesto si el Ejecutivo lo puede modificar a su total arbitrio?

 Tal facultad no existe a nivel nacional, pues el presidente está impedido para  modificar como quiera el presupuesto aunque sí puede decidir cómo gastar los ingresos adicionales.  Por eso, cada año, vemos que los diputados modifican las expectativas de ingresos para que el ejecutivo tenga menos dinero libre para gastar. 

En Morelos, por si fuera poco, no solo se le da la facultad al Ejecutivo de hacer todas las modificaciones presupuestales que guste sino que el gobierno del estado manda una propuesta presupuestal que, en realidad.  no corresponde al dinero recibido. Un estudio del Centro de Investigación Morelos Rinde Cuentas encontró que en el 2016, hubo casi 10 mil millones de diferencia entre lo que el gobierno del estado dijo que iba a recibir y lo que realmente obtuvo.

Es decir, en el presupuesto se estableció que los ingresos del gobierno serían de 20 mil millones de pesos pero en realidad obtuvo 30 mil millones. Este desajuste le permite al gobierno no solo tener mayor libertad para gastar sin rendirle cuentas a nadie sino que impide que la universidad del estado obtenga el dinero que le corresponde. El presupuesto de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos se establece mediante un porcentaje del total del presupuesto. 

Así que ojalá que, por lo menos en esta ocasión, los diputados se atrevan a discutir la cantidad real de dinero que tendrá Morelos en el 2018, además de eliminar la facultad que le permite al Ejecutivo deshacer el trabajo del Legislativo.  Un poco de dignidad, diputados. 

Opinión
Vera Sisniega
www.verasisniega.org

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