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La temporada preelectoral ya está aquí. En las redes sociales, en los periódicos, en la radio y en la televisión cada día se habla más de los aspirantes al 2018. Mientras tanto, los interesados se organizan, crean grupos, hacen alianzas, encuestas y asisten a cuanto evento social se les presenta.  
Hay de todo en la lista de los precandidatos. Abundan, por supuesto,  los indecentes, pero también hay otros con buenas intenciones. Y aunque hace ya veinte años que tenemos elecciones relativamente confiables, seguimos sin encontrar buenos gobernantes. 
En nuestro camino democrático hemos apostado por la oposición, por los jóvenes, por los ciudadanos, por las mujeres, por los empresarios, por los de la experiencia, por los de la inexperiencia, pero nada ha resultado. Entran los nuevos y se comportan como viejos, una y otra vez la historia se repite. 
Tal vez para entender este fenómeno deberíamos recordar la reflexión de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. En 1961, Arendt asistió como corresponsal del “New York Times” al juicio contra Adolf Eichmann, realizado en Israel,  por genocidio contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. 
Arendt concluyó que Eichmann participó en el exterminio de un pueblo motivado únicamente por cumplir órdenes y ascender en su carrera profesional. “Era un simple burócrata que cumplía indicaciones sin reflexionar sobre sus consecuencias.”
Esto la llevó a desarrollar su teoría sobre la banalidad del mal que luego también fue comprobada por diferentes estudios psicológicos: la mayoría de la gente, con tal de triunfar, está dispuesta a cumplir órdenes inmorales. 
Por eso tantas veces hemos visto personas absorbidas por el monstruo del sistema. Gente que llega con las mejores intenciones, pero que, con el paso del tiempo, se convierte en un corrupto más. 
Es decir no basta con los candidatos bien intencionados, se necesitan personas con la fortaleza moral para resistir las órdenes deshonestas. Sobre todo si queremos deshacernos de la corrupción. 
Así que necesitamos personas con la fortaleza moral necesaria para desmontar un sistema corrupto y la única manera de saber si alguien es apto es a partir de su propia historia. 
Preguntarle a los candidatos: ¿Cuándo fue la última vez que desafiaste una creencia o idea? ¿Cuándo fue la última vez que te enfrentaste a un poderoso? ¿Qué te llevó a hacerlo? ¿Lo volverías a hacer? 
Hace poco leí la siguiente frase: No confíes plenamente en nadie hasta que lo hayas visto unirse a una causa justa aunque sea perdida. 
Posdata: El 25 de agosto se cierra la convocatoria para ser parte del comité ciudadano del sistema estatal anticorrupción. La nueva estructura para combatir la corrupción es un esfuerzo ciudadano para frenar el saqueo de los recursos públicos. 
La ciudadanía organizada ya logró crear el sistema, ahora falta que la sociedad se apropie de éste y participe. El comité ciudadano será electo por otros ciudadanos. Así que hay condiciones para confiar en el proceso. ¡Inscríbete! Más información en: http://www.comisionseamorelos.mx

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org