1. El grito
No hubo ni bardas ni muros que rodearan la plaza principal de Puebla. Para ingresar al zócalo solo había que cruzar por unos detectores de metales. Todos los restoranes  y negocios estaban abiertos, incluso la tienda-museo del gobierno del Estado funcionó hasta la media noche.
 La plaza estaba muy bien decorada, hubo música en vivo y, como dicta la tradición, el gobernador salió puntualmente a dar el grito. En Puebla acaba de haber elecciones pero no parece haber resentimientos, nadie chifló, abucheó ni gritó ¡fuera!
Comimos churros, tomamos chocolate y vimos los fuegos artificiales. Al final regresamos caminando al hotel sin ningún temor. Las calles estaban repletas; ambientazo. Y ni qué decir del centro: todos los que conozcan esa ciudad saben lo bonito que es.
2. Museo del Barroco
Blanco y ondulante desde afuera, la verdad es que el nuevo Museo Internacional del Barroco es sorprendente. Nos decidimos a ir a Puebla precisamente por la curiosidad de ver como había quedado esta polémica obra, ejecutada por Grupo Higa por cerca de siete mil millones de pesos.
A pesar del alto costo, el resultado parece valer la pena: es un espacio muy bien pensado, didáctico y orientado hacia el disfrute del visitante, más que a una erudición pomposa; combina modernidad con antigüedad y está bien ubicado. En ese sentido contrasta con, por ejemplo, el museo Juan Soriano que se está construyendo en Cuernavaca en la peor ubicación posible, justo a lado de la que probablemente sea la esquina más fea de la ciudad.
La temática del museo tiene todo sentido con la identidad poblana, y creo que les permitirá revalorar su patrimonio. Y antes de entrar al centro, visitar el Museo del Barroco es una buena escala para llegar al corazón de la ciudad con una noción más clara de lo que se podrá apreciar allí.
Los poblanos entran gratis al museo, ¿acaso los morelenses no deberíamos poder entrar sin pagar, por ejemplo, al Jardín Borda?
3. Distrito Sonata
No se menciona en las guías turísticas, pero el Distrito Sonata sin duda es algo que merece visitarse por su carácter único. Ubicado dentro de la zona más nueva de la ciudad de Puebla, es un desarrollo cien por ciento mixto, mezcla de vivienda con comercios y servicios.
En este lugar se han entremezclado una serie de conjuntos habitacionales – muchos de ellos aún en construcción– con diversas plazas públicas dotadas de jardines, juegos infantiles, camastros, restoranes y toda clase de amenidades. Los cruces peatonales, la señalización, el diseño, la decoración y en general todos los detalles hacen de esta zona un deleite para estar, dotada de un carácter muy particular que recuerda a los “distritos autónomos” administrados ciento por ciento por una entidad privada.  Solo había visto algo así en Estados Unidos.
Es sorprendente que a una hora y media de aquí la vida sea tan diferente. Lamentablemente hay muchos ejemplos como éste (San Miguel de Allende, Querétaro, Vallarta y tantos otros) de ciudades se transforman de manera creativa y atraen cada vez más turismo y prosperidad, mientras que aquí el tiempo parece detenido. Como bien lo dice un nuevo colectivo de Cuernavaca, somos una ruina tropical. Ojalá que nos decidamos de una vez a dejar de mirarnos el ombligo y empecemos a imitar las cosas buenas que se hacen en otros lugares del país.

 

Por: Vera Sisniega /  www.verasisniega.org