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Ya desde muchos años atrás la ciudadanía le reclama a la clase política su corrupción descarada y el derroche financiero que realizan a la vista de todos, lo cual ha generado que nuestros representantes estén más desprestigiados que nunca. El mejor ejemplo es el caso de Cuernavaca, donde este reclamo llevó a los ciudadanos a poner en la alcaldía a un presidente municipal cuya principal propuesta fue sencillamente ser distinto a los políticos tradicionales.
Sin embargo, lo más triste de esta situación es que las incontables marchas, reformas, periodicazos y escándalos de corrupción parecen que, a los políticos, les entran  por un oído y les salen por el otro. Digo esto por un tema incluido dentro la iniciativa de reformas en materia de combate a la corrupción y disciplina financiera que se encuentra actualmente en el congreso del estado y que, contrario a todas las exigencias de la sociedad, propone retroceder aún más respecto a la rendición de cuentas en Morelos.
La iniciativa plantea eliminar las cuentas públicas que hasta ahora deben remitir trimestralmente los poderes del estado, los ayuntamientos y los organismos autónomos a la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización, sustituyéndolas por simples informes trimestrales. La diferencia es que mientras que las cuentas públicas tienen información detallada sobre todos los gastos realizados los informes permitirían al gobierno, a los organismos y a los ayuntamientos remitir tan solo información estadística o agregada, incrementando así la ya de por sí enorme opacidad del gasto público.
 Los pretextos para eliminar este mecanismo de rendición de cuentas son que “no ha tenido una utilidad real”, que “les quita tiempo y recursos a los ayuntamientos y a los poderes del estado”,  que los ayuntamientos constantemente tienen que pagar multas por no presentar a tiempo sus cuentas públicas trimestrales,  y que la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización no cuenta con recursos humanos suficientes para revisar las cuentas públicas.
Es decir, en vez de proponer formas de que las cuentas públicas trimestrales sean más útiles, algunos diputados pretenden eliminarlas. ¡Vaya compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas, que constantemente pregonan pero que nunca muestran en los hechos!
En vez de reducir aún más los mecanismos para el control del gasto y el combate a la corrupción, el congreso debería fortalecerlos. ¿Qué tal si, en vez de suprimir las cuentas públicas trimestrales, los diputados las arreglan para que se les otorgue mayor publicidad y sean más accesibles a los ciudadanos? De esta manera se matarían dos pájaros de un tiro, no solo porque la información tendría mayor calidad, sino porque la ciudadanía podría sacarle provecho directamente, aunque la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización no lo haga.
Ojalá que nuestros diputados ya se pongan las pilas, porque de lo contrario lo único que lograrán es seguir desesperando cada vez más a la sociedad y cuando quieran corregir el rumbo será demasiado tarde.

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org