El miércoles pasado, casi a las cinco de la tarde, la señora Minerva de 52 años murió atropellada por una unidad de la Ruta 3, sobre la calle Galeana, en la colonia Las Palmas. Acababa de salir de trabajar y cruzaba la calle.
Hace casi un año, el 7 de diciembre de 2015, en esa misma calle, pero unas cuadras más abajo, un chofer de la  misma ruta atropelló a otra mujer. Esa vez,  la víctima fue trasladada en una ambulancia y ya no se supo qué le pasó. En ambas ocasiones, los conductores se dieron a la fuga.
De acuerdo con cifras publicadas por el Diario de Morelos, en Cuernavaca, en lo que va del año, han sido atropelladas 78 personas, sesenta por ciento más que el año pasado que tuvo 47 víctimas. Todos estos accidentes podrían haberse evitado si a la autoridad y a la sociedad nos importaran más los peatones.
Un ejemplo claro de nuestra negligencia es que en esa calle, durante este año, han atropellado a dos personas sin que nadie se haya preocupado por adecuar la vía y prevenir que ocurran atropellamientos. Tampoco sabemos qué pasó con los choferes, si los casos quedaron impunes o si los culpables fueron castigados.
Todos los días, un buen número de agentes de tránsito recorren las calles, sin embargo, jamás he visto que alguno de ellos sancione a un conductor por obstruir un paso peatonal o por no cederle el paso al peatón. La política general de la Dirección de Tránsito parecería más enfocada en la recaudación que en  la educación vial o la protección de los ciudadanos.
En el marco del Decenio de Acción por la Seguridad Vial 2011-2010, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló, el año pasado,  en su informe sobre el tema:  
“La mitad de todas las muertes que acontecen en las carreteras del mundo se produce entre los usuarios menos protegidos de las vías de tránsito: motociclistas (23%), peatones (22%) y ciclistas (4%)”
“Un peatón tiene menos del 20% de probabilidades de morir si es atropellado por un automóvil que circula a menos de 50 km/hora pero casi un 60% de posibilidades si es atropellado a 80 km/hora. Reducción de la velocidad. A medida que aumenta la velocidad media, también aumenta la probabilidad de accidente y la gravedad de sus consecuencias, en especial para los peatones, los ciclistas y los motociclistas. Los países que han logrado reducir el número de muertes por accidente de tránsito, lo han conseguido dando prioridad a la seguridad en la gestión de la velocidad. El establecimiento de límites nacionales de velocidad es una medida importante para conseguir que se reduzca la velocidad. Los límites máximos de velocidad en vías urbanas deberían ser inferiores o iguales a 50 km/h, en consonancia con las mejores prácticas.”
¿Qué van a hacer en la Dirección de Tránsito para evitar más atropellados? Establecer una estrategia para disminuir el número de atropellados debería ser un objetivo primordial del Ayuntamiento en 2017.  No hacerlo será una negligencia criminal.

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...