Hasta el martes 19 de septiembre, la señora Isabel vivió en la barranca de Altavista. La dirección oficial es andador Lauro Ortega aunque en realidad no hay ninguna calle para llegar a su hogar, solo una vereda.
Hace muchos años la señora Isabel emigró a Cuernavaca. Su ciudad de origen es Iguala, la que abandonó para buscar mejores oportunidades de vida. Cuando llegó a la capital morelense no tenía donde vivir ni dinero para comprar un terreno. Así que no le quedó más remedio que asentarse en un pedacito de la barranca.
Con mucho esfuerzo, al tiempo que cuidaba a sus cuatro hijos, el más pequeño con síndrome de Down, construyó su vivienda. Un bulto de cemento a la semana, unos cuantos ladrillos cada mes y así, poco a poco.
La vida era dura, pero ahí la llevaba. Su hijo acudía a una escuela especial donde lo querían y cuidaban, la Fundación Internacional Down Morelos. Sin embargo, aquel fatídico 19 de septiembre todo cambió. Su casa crujió horrible y, si bien no se desmoronó como algunas de sus vecinos, quedó llena de cuarteaduras y, en algunos puntos, las paredes se separaron.
Tras el temblor corrió a la escuela de su hijo para verificar que estuviera bien. Una vez que lo confirmó, regresó a su colonia donde ya había mucho movimiento. Los vecinos estaban en la calle, ayudándose, y algunos la acompañaron a su casa. Después de ver cómo estaba le recomendaron no volver a entrar. Unas horas después Protección Civil confirmó el diagnóstico vecinal.
Así que tomó algunas de sus pertenencias y siguió a los vecinos en su marcha al albergue. Ahí vive desde hace dos semanas, llena de incertidumbre. ¿Dónde vivirá después?
La señora Isabel no está sola en esta tragedia. Hay 200 personas más en su misma situación. En la colonia Ampliación Altavista 16 viviendas colapsaron y muchas más fueron desahuciadas.
La mayoría de las casas dañadas justamente están en la barranca, donde el terreno no es plano ni estable. Todos los mapas de riesgos lo señalan: éstas no son un lugar seguro para vivir.
Sin embargo, en Cuernavaca las reglas elitistas de uso del suelo han provocado la invasión de las barrancas. Desde hace mucho tiempo, la capital de Morelos dejó sin opciones de tierra a los pobres, orillándolos a vivir en las laderas de los cerros.
Por ejemplo, en Cuernavaca está prohibido construir viviendas de interés social y cada casa debe poseer un terreno inmenso. Esto, obviamente, impide que las personas de escasos recursos puedan hacerse de una vivienda en la ciudad.
Así que se habla mucho de reconstrucción de casas, pero hay personas que, de entrada, no tienen un terreno donde reconstruir. ¿Qué proyecto hay para ellas?
Tal vez si los gobiernos, empezando por el de Cuernavaca, tuvieran un banco de tierras, es decir que contara con amplios terrenos, se podría construir casas ahí, pero no es el caso. Así que, ¿cuál es la opción?
En esta ocasión fue un sismo, pero el cambio climático hará cada día más peligroso vivir en casas precariamente construidas en las barrancas. No hay que esperar una nueva catástrofe natural para darse cuenta que la gente no puede seguir viviendo en terrenos tan peligrosos.
De una buena vez por todas, en Cuernavaca debería replantearse la política de vivienda de la ciudad. Cambiar la carta urbana y hacer una urbe más incluyente donde no se privilegie la vivienda residencial en detrimento de la popular. Si se cambiaran las densidades, de inmediato podrían abaratarse los costos y esto haría que más personas se hicieran de un
techo seguro. Si para algo debería servir esta fuerza sísmica sería para desatar los cambios que Cuernavaca necesita con tanta urgencia.

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org