compartir en:

Una vez más Cuauhtémoc Blanco la libró. Los diputados y el Tribunal Superior de Justicia hicieron hasta lo imposible por destituir al presidente municipal antes de sus vacaciones navideñas, pero fracasaron. La Suprema Corte de Justicia protegió al Cuau.
Los clásicos dicen que lo que no te mata te fortalece y vaya que estos días han mostrado la veracidad del dicho. Hoy Cuauhtémoc Blanco es más fuerte de lo que era hace unas semanas y tiene muchos más apoyos de los que tenía hace apenas unos días. Además, tiene las gradas a su favor. De alguna manera es como si hubiera vuelto a ganar la elección.
No solo eso, hoy el alcalde de Cuernavaca posee mayor libertad que hace un año. Ya no tiene el fardo de los Yáñez, tampoco necesita al gobernador, ni a los diputados ni al mando único.
Sin embargo, lo que ahora deben preguntarse Cuauhtémoc Blanco y su equipo es qué hacer con esa recobrada libertad. ¿Cómo invertirán su capital político? ¿Cómo lo incrementarán? ¿Cómo mantendrán las alianzas y los apoyos que esta coyuntura les generó?
Justamente hoy que el alcalde cumple un año al frente del Ayuntamiento es un buen día para reflexionar. Nadie puede gobernar solo y ahora que el presidente municipal rompió lanzas con la clase política debe remplazar esta alianza con la sociedad.

Vendría bien que Cuauhtémoc se tomara muy en serio el inicio del nuevo año y revisara concienzudamente el rumbo de su gobierno, lo perfiles de sus secretarios, sus metas de trabajo. Su gobierno debe sumar las agendas ciudadanas y, sobre todo, encarnar plenamente lo que implica ser un gobernante ciudadano.

Un gobierno ciudadano no es simplemente el encabezado por alguien que no tiene antecedentes políticos, sino uno que funciona con una lógica distinta a la política tradicional. Es transparente, rinde cuentas, es accesible a los ciudadanos, consulta sus decisiones con los especialistas y dedica sus esfuerzos a generar desarrollo económico para todos.
No intercambia canonjías, no pide porcentajes por asignaciones de contratos, obras y cualquier otro gasto público, no crea empresas fantasmas ni desvía presupuesto; tampoco compra votos en el cabildo ni intercambia direcciones u oficinas por nada. Obviamente, este tipo de gobierno implica el triple de trabajo que un gobierno tradicional, sin embargo, lo vale.
Cuauhtémoc Blanco ya mostró que tiene resistencia, que está dispuesto a dormir a la intemperie y dejar de comer por defender a su gobierno; ahora es momento que esa misma energía la invierta en gobernar y aprender el enredado mundo de la administración pública. Tiene la disciplina para hacerlo.
Tener la confianza ciudadana es una gran responsabilidad. Cuesta muchísimo ganarla y solo un segundo perderla. Ojalá el Cuau  y su equipo la asuman.

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org