En Morelos somos los espectadores de un circo dentro de una caverna. Estoy hablando del congreso del estado, un lugar donde reina la oscuridad y del cual, lo único que la sociedad sabe, es que no sabe ni entiende nada de lo que sucede ahí.
En octubre pasado, los medios de comunicación informaron que el Presidente del Congreso, Francisco Moreno, dejaba la presidencia, pues sus  manejos financieros provocaron un déficit en el presupuesto del Legislativo que era, por cierto, el más grande de su historia. El diputado Merino fue reemplazado por la diputada Beatriz Vícera quien llegó al congreso como priista y hoy es perredista.
 Al principio, la nueva presidenta señaló que haría una auditoría a las finanzas del congreso; sin embargo, conforme se acomodó en su nuevo puesto la promesa cayó en el olvido. En cambio, lo primero que hizo fue dejar de subir información pública, por ejemplo, sobre las finanzas y la nómina, del Legislativo.  La última actualización de sus obligaciones de transparencia es de septiembre de 2016.
De acuerdo con la última información, publicada por el Congreso y difundida por el Centro de Investigación Morelos Rinde Cuentas,  la nómina era realmente obesa y ridícula. Por ejemplo, los diputados con más trabajadores a su servicio eran Hortensia Figueroa que empleaba a 42 personas, seguida por el entonces diputado Francisco Santillán con 28 y la diputada Vicera con 22.
Seguramente este número de trabajadores por legislador es un récord Guinness. En ningún lado del mundo debe haber diputados con tantos empleados a su servicio como aquí. La naturaleza de un representante, al menos en teoría, es la del trabajo de escritorio, la de la revisión de leyes, estados financieros, reuniones con ciudadanos y expertos, así que tener tantos empleados sería simplemente disfuncional.
No obstante, la mayoría de los diputados en el estado no se dedican a cumplir con lo que marca la teoría sino a hacer campaña política con dinero público. Por eso, en lugar de revisar cuentas públicas regalan pelotas, uniformes, funciones de lucha libre, conciertos de bandas y lo que sea para tener contentos a los futuros votantes. Por supuesto, este tipo de trabajo sí requiere de un batallón para su realización.
Así que algunos diputados, con tal de tener más gente en la nómina,  lo que les permite hacer más campaña electoral, intercambian su apoyo a las propuestas del Ejecutivo por más empleados.  Es por ello que la nómina no es pública y se maneja con total discrecionalidad.
Así es como se entiende lo que llevan días denunciando los diputados del PAN, PES, PRI y Partido Humanista: que en venganza por su voto en contra de la reforma electoral, el congreso dejó de pagarles a sus empleados. Los legisladores perredistas premian o castigan con el látigo de la chequera.
Por supuesto, la protesta de la oposición vuelve a poner de manifiesto la opacidad de las finanzas del congreso. Es hora de que el Poder Legislativo publique, como lo marca la ley, toda la información sobre sus finanzas en su portal de Internet empezando por la nómina.
La sociedad quiere entender lo que sucede ahí, quiere que el congreso deje de ser una caverna. Por eso, en lugar de dar conferencias de prensa, los jerarcas de la caverna bien harían en publicar la información y mostrar documentos.  

Por: Vera Sisniega /  www.verasisniega.org

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...