compartir en:

Remozada la que miles conocen como Plaza de Armas, pero renombrada Plaza General Emiliano Zapata Salazar por unos cuantos, la del centro de Cuernavaca está ante un reto monumental: que la basura no la desborde.
La historia del manejo de los desechos sólidos en la capital de Morelos y aún en muchos municipios más, ha pasado sucesivamente por la colocación y retiro de contenedores, chicos, medianos y grandes, pero tal parece que ninguno ha sido la solución.
Hay una máxima que sería la solución al problema de la basura en las calles, pero prácticamente por nadie es seguida: “La ciudad más limpia no es la que se barre, sino la que menos se ensucia”, y frente a esto se han buscado alternativas fallidas la mayoría.
Hace no muchos años, cuando Adrián Rivera Pérez era presidente municipal, se utilizaban grandes contenedores cuya imagen característica, por cierto, era de unos sucios armatostes rebosantes de cualquier desecho, cuya pestilencia tenía que ser soportada por los vecinos a ellos y paseantes de la zona.
Ese esquema de manejo de la basura le “explotó” a la sustituta también panista Norma Alicia Popoca (hoy diputada local), que no hizo nada más que administrar la crisis que generó, sin exagerar, montañas de bolsas de basura en las calles. Fue un festín de ratas, perros, cucarachas, gatos, hormigas y uno que otro tlacuache.
Apenas asumió el cargo Jesús Giles (qepd) pareció encontrar la solución con un programa que retiraba los sucios contenedores y la autoridad dejó de mal manejar la basura, concesionándola a PASA, una empresa particular que metió orden, pero…
Víctima de los vaivenes de gobierno, la nueva alternancia con la llegada de un gobierno priista hizo cancelar el contrato con la concesionaria del manejo de los desechos sólidos y entraron nuevas manos para echar a perder el servicio público, a pesar de que no se habían repuesto los contenedores.
Otro jaloneo se dio al final de esa administración con un intento de colocar contenedores medianos para que los vecinos depositaran sus desechos, pero no prosperó, y volvió el mal hecho y sucio negocio de la basura en manos de unos cuantos vivales.
La administración del alcalde Jorge Morales Barud fue “de a muertito” en cuanto al molesto asunto de la basura, sin hacer y dejando hacer y deshacer a particulares, mientras los vecinos y paseantes no tuvieron regularidad en dónde y cuándo deshacerse de su basura.
Ya en la actual gestión de Cuauhtémoc Blanco, también con cambio de partido en el gobierno, el apetito de negocios turbios no desapareció y es la hora que no se encuentra solución correcta al eterno problema para los cuernavacenses.
Algunos ciudadanos piden espacios públicos limpios y para ello creen que la solución es el uso de contenedores y botes menores, a pesar de que la historia ha demostrado que ese modelo no garantiza que los espacios públicos estarán limpios.
Otras voces demandan ciudad limpia sin botes o contenedores, pero lo cierto es que las botellas y vasos de bebidas, bolsas de golosinas o negocios, cartones y demás desechos persisten en las calles y plazas públicas.
Evidentemente, como lo demuestra la historia en Cuernavaca como muestra, tener o no contenedores gigantes y botes medianos para basura en áreas públicas no ha servido para maldita la cosa.
Luego entonces, ¿de quién es la culpa y qué se puede hacer para que los desechos sólidos no solo resulten molestos para los residentes sino también repercutan negativamente en la imagen, fama y afluencia de turistas al corazón de la Ciudad de la Eterna Primavera?
Reaparece esa máxima de los filósofos prácticos: “La ciudad más limpia no es la que se barre, sino la que menos se ensucia”, que quiere decir que le toca al ciudadano no tirar su basura en la calle sino conservarla para juntarla en casa y entregarla al camión recolector justo el día y hora que se supone que circula en su zona.
Otro elemento que podría servir de una vez y por todas es el del sistema de vehículos recolectores, pues incluso la forma de los contenedores gigantes serviría si la recolección de los camiones fuera constante, tantas veces al día como fuera necesario, así no desbordaría la basura ni generaría mayor fauna nociva.
La millonaria inversión en la hoy vistosa Plaza de Armas, por ejemplo, no merece que el esfuerzo por embellecerla se quede trunco por la siempre odiosa basura. Le toca entonces a los gobernados no tirar basura esperando que otros la barran, y a los gobernantes hacer un sistema más efectivo y bajarle a su negocio en el servicio de recolección, traslado y depósito final de las casi 400 toneladas de basura que se generan cada día.  

 

Por: Martín Guzmán Fernández / [email protected]