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A medias verdades y medias mentiras, el rector de la UAEM Alejandro Vera Jiménez ha construido un discurso entre político, filosófico y social en defensa de la universidad que, al mismo tiempo, utiliza como distractor sobre el severo problema, ya judicial, que representan sus irregulares manejos financieros.

Son dos vías independientes una de la otra, aunque el rector se empeña en aparejar con el propósito de diluir la relativa al desvío de recursos federales, misma que al margen de lo que logre hablando de inseguridad, tiene una ruta y avance en el plano jurídico federal.

Es una realidad que Morelos no es ajeno a la dinámica universal de la violencia de tipos diversos, y que particularmente en el plano nacional se encuentra arriba de la media nacional de los delitos más sensibles para la sociedad, pero a Vera Jiménez parece no ocuparle mucho lo que pasa más allá de las fronteras estatales, y cuando lo hace resulta hasta benigno con otras entidades y en especial con la Federación.

Las cifras más próximas a la realidad de la Secretaría de Gobernación y de las organizaciones no gubernamentales más respetadas sobre inseguridad en el país han colocado al Estado de Morelos en el rango del cuarto al sexto lugar de homicidio, secuestro y extorsión según su tasa de incidencia por cada 100 mil habitantes.

En cuanto a número de casos, tal cual, el territorio tlahuica está por debajo del décimo lugar, más próximo a la media nacional que a la cima, sin embargo para los fines del rector de la UAEM resulta más capitalizable referir la tasa por número de habitantes.

¿Qué lugar en el escalafón nacional, qué número de crímenes, qué tipo de delitos son necesarios para que tenga validez la exigencia de remoción a un gobernante? ¿El poeta Javier Sicilia es el gran jurado, el sabio de la tribu, el iluminado religioso, el que debe decir quién debe dimitir a un gobierno?

Tienen sentido los anteriores cuestionamientos porque de ser el criterio de Sicilia, Vera, el Obispo o un grupo específico de la sociedad el gran juez, es muy probable que deberían renunciar o ser removidos más de 30 gobernadores y unos 2 mil presidentes municipales, así como el Presidente de la República.

Pero no parece casual, sino causal, que el activismo nacionalista del rector de la UAEM concentra sus baterías en Morelos, en el gobernante Graco Ramírez en especial, al mismo tiempo que parece omiso con el gobierno federal que encabeza Enrique Peña Nieto y mandatarios como los de Veracruz y Guerrero.

Y no parece casual esa visión desequilibrada entre el ámbito federal y el estatal porque a pesar de reprobar airadamente en sus movilizaciones el modelo económico neoliberal de la mayor parte de Occidente, acepta amable las carretadas de millones de pesos que regularmente recibe de la Federación.

Es decir, en calles y discursos públicos ha repudiado las figuras de autoridad que representan la Auditoría Superior de la Federación (ASF), por ende la mayoría de los diputados federales, y por otro lado toma participaciones federales y apoyos extraordinarios para seguir gastando de forma abusiva esos dineros públicos.

El estilo del rector Vera Jiménez, diríase en figura metafórica, es de exigir millones de pesos empuñando la izquierda en todo lo alto, y recibirlos extendiendo la derecha por lo bajito; no es la primera vez que así actúa, ha llevado al punto de quiebre financiero a la Universidad en al menos dos ocasiones a fin de año.

La promesa de 100 millones de la Federación en dos ministraciones, sabrán, no resuelven la crisis estructural de la UAEM, menos todavía si la administración universitaria continúa con sus pifias y dispendios. Al tiempo… o con hielos, como la prefieran.

Opinión invitada
Martín Guzmán Fernández
[email protected]