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Hace una semana tembló en Morelos. Desde entonces la sociedad no ha parado de solidarizarse con las víctimas y la generosidad colectiva no deja de sorprender a propios y extraños. Hay muchísimo que decir sobre el fenómeno, pero yo quisiera concentrarme en un aspecto particular de lo ocurrido la última semana: la insignificancia del gobierno. 
Desde el primer momento la población tomó en sus manos el auxilio a las víctimas y ni se acordó que, al menos en teoría, existe algo que se llama gobierno y que tiene un presupuesto inmenso para desastres naturales.Con sus propios recursos y como Dios les dio a entender la gente fue en auxilio de los afectados. 
Esto muestra lo bajo que ha caído la autoridad, pues ante la emergencia nadie se toma en serio las capacidad de auxilio y cuidado del gobierno. Es como si solo fuera una broma y, en caso de emergencia, sería un mal chiste creer que nos puede ayudar. 
Por ejemplo, en Morelos la ciudadanía recordó que existe la autoridad a raíz de la polémica de las despensas. Hasta ese momento, nadie parecía acordarse que hubiera alguien con la responsabilidad constitucional y el presupuesto para auxiliar a las víctimas. Tal vez las autoridades buscaron hacerse presentes justamente sorprendidas por su insignificancia. 
Sin embargo, si los políticos creen que pueden mantener su influencia entregando despensas andan perdidos. Si algo ha demostrado esta tragedia es que, por un lado, cualquier ciudadano con ganas de ayudar puede llevar víveres y que, por el otro, las víctimas pueden recibir ayuda de personas que no les piden a cambio su voto. 
Así que si los políticos quieren sobrevivir al temblor, deberían estar enfocados a demostrar que sirven para algo y que son sensibles al sufrimiento colectivo. A nivel nacional los partidos políticos medio lo han entendido y por eso dicen estar dispuestos a disminuir su presupuesto. Sin embargo, a nivel local, los partidos y sus representantes no han dicho ni pío. 
En 2018, los partidos políticos en Morelos tendrán 112 millones de presupuesto estatal. Es decir, adicional al que recibirán a nivel nacional. ¿Cómo le vendría a Jojutla este dinerito? ¿O a la colonia Altavista en Cuernavaca?
Obviamente los partidos requieren cierto financiamiento, pero es un exceso lo que reciben y eso, en vez de ayudar a la democracia, la perjudica. Por ejemplo, este año a nivel local los partidos obtuvieron 67 millones de pesos. ¿Habrán hecho algo útil con ese dinero?
Para su reconstrucción, Morelos necesita muchos recursos. El estado no está para despilfarrar el presupuesto. Así que hoy más que nunca es el momento para una reducción drástica de las prerrogativas. Una manera concreta y permanente de hacerlo es aprobando la llamada Ley Kumamoto. 
Pedro Kumamoto, el diputado independiente de Jalisco, logró disminuir 60 por ciento el costo de los partidos en su estado cambiando la fórmula utilizada para calcular su presupuesto. Solo con tomar como base el número de votantes en lugar del padrón electoral, se ahorró un dineral. La propuesta, además, ya fue avalada por la Suprema Corte de Justicia, así que cualquier entidad tiene la facultad para aprobarla. 
Si la propuesta de Kumamoto se votara en Morelos,se lograría disminuir aproximadamente 60 por ciento el costo de los partidos. O sea que el año siguiente en vez de recibir 112 millones los partidos percibirían 45 millones. ¿Qué tal un fondo estatal de 67 millones para la reconstrucción?
Los pueblos, las rancherías, las colonias afectadas por el temblor del 19 de septiembre pasado deben quedar mejor de lo que estaban. Con viviendas de calidad que respeten los materiales y tradiciones arquitectónicas de la región. La reconstrucción debe servir para darle un empujón económico a todos los municipios afectados.  
 

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org