Hace unas semanas, Estados Unidos se convulsionó por una protesta de supremacistas blancos. Estos personajes racistas marcharon en un pueblo del estado de Virginia en protesta por el retiro de una estatua de un general que luchó defendiendo la esclavitud durante la Guerra de Secesión de la segunda mitad del siglo XIX.  
Las estatuas causan pasión. A raíz de esos hechos, en varias ciudades de Estados Unidos se han creado comisiones dedicadas a revisar las esculturas ubicadas en espacios públicos. También se han suscitado hechos vandálicos patéticos como la reciente agresión a una escultura de fray Junípero Serra en California.
Sin embargo, Estados Unidos no es el único lugar donde las estatuas despiertan pasiones, en todo el mundo pasa lo mismo. Las heridas históricas se abren cada determinado tiempo y no hay mejor recuerdo de su existencia que las esculturas y estatuas.
Por ejemplo, en Cuernavaca, ocurrió algo similar hace unos años. Durante la administración municipal de Jesús Giles (2006-2009), se instaló una estatua de Hernan Cortés en la glorieta que hay en el cruce de Teopanzolco con Nueva Bélgica.
 Originalmente, la escultura había estado en el Casino de la Selva. De acuerdo con el cronista Juan José Landa, se colocó en 1964 en un pequeño pedestal. No obstante, como empezaron los rumores de su posible vandalización, el propietario del Casino, Manuel Suárez, mandó a hacer una columna de diez metros de alto para reubicarla.
A la llegada de Costco, a principios del siglo, la estatua estuvo por ahí hasta que Susan Grillo se la donó al ayuntamiento. Jesús Giles la colocó en la glorieta, pero, más temprano que tarde, la estatua fue vandalizada y el cabildo decidió retirarla a fines de 2011.
Nadie supo qué pasó con la estatua una vez que se retiró de la glorieta, hasta que hace poco se publicaron unas fotos del lugar donde hoy se encuentra, un terreno al aire libre junto al rastro municipal donde también se ubican patrullas y autos inservibles.
Esto es una muestra más de que Cuernavaca necesita una instancia especifica para el cuidado del arte público. Un consejo dependiente del Instituto de Cultura de Cuernavaca que se encargue de seleccionar las piezas, su ubicación, llevar un registro del patrimonio artístico de la ciudad y de, además, acrecentar el acervo.
Claro, no se trata de colocar estatuas y esculturas sin sentido sino que éstas sirvan para ayudarnos a definirnos como comunidad. Con nuestra historia y demás carácterísticas singulares. Por supuesto, también debe servir para reflejar el talento artísitico de la ciudad y del país.
Ahora que están por iniciar las campañas electorales y hay muchos interesados en gobernar Cuernavaca, este sería un tema interesante para retomar como propuesta electoral y, por supuesto, para implementar en el caso de ganar.  

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org