Las fotos del edificio convertido en escombros no dejaban lugar a dudas: en el techo había un anuncio espectacular. Encima de los restos, como si nada hubiera pasado, su estructura aún se mantenía. Tuvo que quitarla una grúa pues, de otra forma, se retrasaría la búsqueda de sobrevivientes.
De los 38 edificios derrumbados en la capital del país, al menos dos tenían anuncios espectaculares en sus techos. Otros poseían antenas de telefonía celular. Lo mismo sucedió en Cuernavaca, la torre Latinoamericana, el edificio más dañado en todo el municipio, poseía una de estas antenas.
Todo esto no es una coincidencia sino el resultado de añadirle el peso adicional de los anuncios a las estructuras de los edificios. De acuerdo con Jorge Carlos Negrete, presidente de la Fundación por el Rescate y la Recuperación del Paisaje Urbano: “…cada marquesina pesa, en promedio, entre cinco y siete toneladas y la altura del cartel equivale a dos pisos adicionales. Eso es suficiente para alterar la estabilidad del edificio”.
No en balde en la Ciudad de México hay, además, cincuenta edificios con serios daños que también tienen anuncios espectaculares. El peso de estas marquesinas no solo es considerable sino que se agrega a construcciones que no fueron diseñadas para soportar esas cargas.
El efecto que tienen los anuncios espectaculares en las azoteas se conoce hace mucho tiempo. Por eso, desde 2010, éstos están prohibidos en la capital del país y, desde 2012, también en Cuernavaca.  Sin embargo, tanto aquí como en la Ciudad de México,  esa es una de las tantas reglas que duermen el sueño de los justos.
El temblor del pasado 19 de septiembre debería servir para remover las estructuras más anquilosadas de nuestra sociedad y una de éstas es la contaminación visual. La desmedida publicidad en las calles no solo afecta la competitividad de las ciudades y la calidad de vida de sus habitantes sino que acaba costando vidas.
Ojalá en Cuernavaca se aplicara el reglamento de anuncios de 2012 y se empezara una verdadera campaña para eliminar los anuncios espectaculares y las antenas de telefonía de los techos. Es un asunto de vida o muerte.
P.D. La semana pasada en Cuernavaca se presentó el colectivo Epicentro en el cual participo. Este grupo lo integran 21 organizaciones ciudadanas y 13 liderazgos sociales. Su objetivo es cuidar que los recursos para la reconstrucción de Morelos se utilicen con transparencia y en beneficio de quienes verdaderamente lo necesitan.
Una de las primeras labores de este colectivo será vigilar que el gobierno de Morelos cumpla las recomendaciones que le hizo Transparencia Mexicana: renunciar al secreto fiduciario en todos los fondos y fideicomisos involucrados en la reconstrucción, asumir el compromiso de publicar y difundir la información de manera proactiva, es decir, sin que se les tenga que solicitar, asegurar la participación ciudadana y que todas las contrataciones y gastos se hagan siguiendo mecanismos internacionales para garantizar su honestidad.

Por: Vera Sisniega
www.verasisniega.org

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