Por lo general, los centros históricos de las ciudades mexicanas  son los espacios físicos con mayor identidad de la ciudad; aquellos que pueden vincular a los ciudadanos, atraer el turismo y detonar el desarrollo económico. El de Cuernavaca no es la excepción. Sin embargo, a pesar de que los gobernantes han hecho intervención tras intervención, nuestro centro sigue estancado.
Hay muchas razones para ello y entre éstas se encuentra una que creo no ha sido tomada en cuenta en lo absoluto: el problema de la accesibilidad al centro histórico.
Llegar al centro de Cuernavaca es incómodo y lento. Cruzar por Avenida Morelos es un pequeño infierno que desincentiva a cualquiera y, una vez que llegas a tu destino, éste no resulta tan atractivo como para motivarte a volver en futuras ocasiones. En consecuencia, si no mejoramos el acceso al centro histórico difícilmente se logrará que la mayoría de la población lo asuma como su lugar favorito de esparcimiento, desaprovechándose el potencial de la zona pues, cuando muchos, tendrá visitantes ocasionales.
Esto es particularmente triste porque viene a dar al traste con los esfuerzos por levantar el casco histórico. Una cantidad importante de jóvenes de Cuernavaca resisten la tentación de irse a otra ciudad y, con muchos trabajos, abren negocios en el centro. Eso está muy bien, pero lamentablemente su impacto económico es limitado, pues en vez de atraer más gente, esos negocios tan solo compiten por la atención de quienes ya son visitantes habituales de la zona.
En resumen: el gran reto es lograr que vaya al centro la gente que actualmente no va. Y lo primero que se necesita para corregir un problema es tener conciencia de éste. Las autoridades hacen encuestas donde le preguntan a los visitantes su opinión sobre el lugar y sobre cómo mejorarlo; sin embargo lo que hay que hacer es preguntarle a quienes no van al centro por qué no los hacen.
Desde el gobierno el enfoque se ha centrado en rehabilitar calles históricas, pero desde un punto de vista estratégico tal vez sería mejor priorizar el tema del acceso. Como en todas las políticas públicas, en este asunto se pueden tomar tanto medidas profundas y caras como medidas sencillas, veloces y prácticas.
Dentro del segundo grupo hay varias opciones. Una propuesta que puede contribuir a disminuir el embotellamiento de avenida Morelos, la contaminación auditiva y del aire, que se puede implementar de inmediato y que, además, es gratis, es cambiar la ruta de circulación de los pullman del centro. Son 96 autobuses que utilizan diariamente la avenida para cruzar de su terminal a avenida Zapata. Son seis por hora. Ahora que concluyan el paso exprés, ¿no sería mejor que, en lugar de dar vuelta a la derecha en avenida Morelos, se siguieran por Abasolo hasta Álvaro Obregón y salieran a la autopista por Chipitlán?
Otra propuesta es sacarle más provecho a la avenida Álvaro Obregón, que tiene muy poco tráfico, mientras que su paralela Morelos está totalmente rebasada. Álvaro Obregón actualmente es de un solo sentido y en la cual se permite estacionar coches, pero se podría construir un carril confinado para que el transporte público circule en contraflujo. En la calle Mariano Arista los camiones se podrían reincorporar a la avenida Morelos.
Estas dos medidas, sin resolver por completo el problema, sí pueden disminuirlo e impactar muy positivamente en la economía de la zona. Entre más fácil y agradable sea llegar al centro más visitantes tendrá.  

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org

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