Es el colmo que, siendo Cuernavaca una ciudad con abundante agua, sus habitantes carezcan del líquido en sus casas. Como bien nos los ha enseñado la historia, muchas veces la fortuna es, en realidad, una maldición. Tener un acceso fácil y barato al agua ha hecho que Cuernavaca la desperdicie y la administre mal.
Sin embargo, la gota ya ha derramado al vaso y todo indica que el sistema colapsó. Que de ahora en adelante debemos olvidarnos de contar con un servicio de agua a través de tuberías y acostumbrarnos a las pipas. Es decir, un viaje en el tiempo hacia varias décadas atrás.
Como si no bastara la terrible situación de la ciudad en materia de seguridad, imagen urbana, desarrollo económico, ahora se suma la falta del servicio de agua potable. Es decir, el colmo.
Por supuesto, esto no sucedería si quienes han gobernado estas tierras a lo largo de los  años no hicieran negocios con el fracaso social. Por ejemplo, las redes de corrupción ahora tienen dos nuevos negocios. Por un lado, el de las pipas, pues entre menos agua llegue entubada mayor será la ganancia para los propietarios de los tanques cisterna. Tema en el que, por cierto, priva una total opacidad. Nadie sabe cuántas pipas hay, cuántas empresas dan el servicio, cuántos de estos vehículos se llenan al día, quiénes son los propietarios y cuánto le pagan a las autoridades.
Por el otro, regalar pipas es una buena manera de hacer campaña electoral y ganar el cariño popular. Los políticos solo saben relacionarse con la población a través de dádivas y clientelismo y ahora sumaron el agua a su a arsenal de bienes para regalar.
Así que los ciudadanos son los únicos que perdemos. Por un lado, pagamos a la autoridad el servicio cotidiano, lo que permite que ellos paguen la nómina del organismo y, por el otro, gastamos en pipas.
Tal vez por ello no tienen prisa y, en lugar de ponerse a gestionar las soluciones, solo se echan la bolita unos a otros. El colmo es que las alternativas existen y están sobre la mesa. El centro de investigación Morelos Rinde Cuentas presentó en noviembre del año pasado siete medidas que le permitirían a Sistema de Agua Potable y Alcantarillado del municipio de Cuernavaca (SAPAC) duplicar sus ingresos. Es decir, recaudar 300 millones de pesos adicionales a lo que actualmente recibe.
Entre las propuestas están: Eliminar los pagos en efectivo en las oficinas de SAPAC. Si se eliminan los pagos con efectivo, aumentará el control financiero y se generarán ahorros para la institución. Congelar las plazas laborales. En 2016 el gasto en servicios personales se incrementó 32 millones de pesos, es decir pasó de 148 a 180 millones de pesos.
También se sugiere implementar un programa para detectar tomas clandestinas. El 15% del agua que consume la ciudad no se factura. Además de cambiar los equipos de bombeo. Si se cambian y/o reparan los sistemas de bombeo de 71 pozos de la ciudad, SAPAC podría ahorrar 39 millones de pesos anuales en consumo eléctrico.
Otra medida es dejar de otorgar descuentos discrecionales. En el 2015, SAPAC dejó de recibir 53 millones 353 mil 742 pesos debido a las bonificaciones que otorgó. Aunado a esto hay que cobrarle correctamente a los negocios. En 2015, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró un total de 24,699 negocios en Cuernavaca, sin embargo, SAPAC solo tiene contabilizadas 8,257 tomas comerciales de agua.  Finalmente, instalar medidores electrónicos. Solo el 43.19% de los usuarios de SAPAC cuenta con un medidor que permite conocer su consumo individual para cobrarles con exactitud.   
El colmo es que estas medidas que, de manera propositiva, ha puesto sobre la mesa la sociedad han sido ignoradas por la junta de gobierno de SAPAC.  ¿Será que, de alguna manera, les sirve que el organismo funcione mal y con pérdidas?

 

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