El club de Toby sesionó la semana pasada.  Como ya es costumbre, los integrantes del club no establecieron una hora o día determinado, simplemente se les antojó reunirse el miércoles por la tarde y así lo hicieron.  La cita era a las cinco, pero como ya es tradición también, el club empezó a trabajar una hora después.
Aunque el tema principal de la reunión del club era la reforma electoral, las firmas y los acuerdos no estaban listos, así que empezaron por asuntos generales e intrascendentes. Por ejemplo, para hacer tiempo, una de las integrantes de la dirigencia del club leyó durante 30 minutos un documento sin que ninguno de sus compañeros la escuchara. Por supuesto, el club de Toby no discrimina a las mujeres dispuestas a seguir sus reglas.
Así transcurrió la sesión hasta que finalmente llegaron las firmas y los acuerdos, y entonces sí, se sometió a votación la reforma electoral. Para su aprobación se necesitaban 20 votos, pero al club le costó trabajo conseguirlos, pues en las últimas semanas ha perdido integrantes.
Uno de sus jóvenes miembros no sabía si irse con los insurrectos o con los más prominentes personajes del club. Su voto era fundamental para el éxito o el fracaso en la aprobación de las nuevas reglas del grupo.  Al final, una llamada telefónica logró clarificarle la mente. Un colega le pasó un celular enlazado, muy probablemente, con el presidente del club. Aquel que nunca se apersona en las sesiones, pero las dirige.

Tras la llamada, el joven integrante dejó la sala y no se presentó sino hasta el momento de la votación, donde, en sentido contrario al de sus compañeros de bancada, votó a favor de la reforma. Lo más curioso del caso, es que el joven ni siquiera utilizó la tribuna para exponer el razonamiento de su voto, probablemente no lo hizo porque, más que ideas, lo que había detrás de su posición eran intereses.

En fin, con la claudicación de este joven, el club logró aprobar sus nuevas reglas. Sus más prominentes integrantes estaban satisfechos, pues habían logrado llegar a la meta saltando varios obstáculos que buscaban quitarles privilegios.
El primero de éstos era tener que discutir las reglas con personas que no forman parte del club, es decir, con los ciudadanos. La reforma electoral que norma el financiamiento y las reglas que deben seguir los partidos y candidatos son consideradas por el club como exclusivas y por eso ve la interferencia de ciudadanos como un peligro para su régimen privilegiado.
Lo segundo es que el club de Toby morelense logró surcar los peligros de la reducción de su financiamiento. Desde hace tiempo en el país, cada día de manera más altisonante, la población le pide a la confederación de clubs de Toby que reduzcan su presupuesto y, en algunos sitios, han tenido que ceder. En Morelos, en cambio, no solo lograron mantener su presupuesto sino que incluso se echaron a la bolsa  un seis por ciento adicional.
La joya de la corona para el club de Toby fue la reducción de las diputaciones y regidurías. Aunque en el fondo la intención era complicar la llegada de candidatos independientes al poder, este punto le permite al club confundir a la población  y esconder las trapacerías de sus nuevas reglas. Recordemos que la especialidad de sus integrantes es justamente el camuflaje.  ¡Mucho cuidado! 

Por: Vera Sisniega /  www.verasisniega.org

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