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La espiral descendente en la que se encuentra Morelos parece no tener fin. Cada semana somos testigos de un nuevo capítulo donde lo único que queda claro es que los tomadores de decisiones han perdido la cabeza. Por ejemplo, por estos días, atestiguamos una nueva agresión contra la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) por parte del gobierno del estado. 
Los diputados locales son otro caso. Constantemente aprueban medidas inconstitucionales que son invalidadas posteriormente por la Suprema Corte. El último chasco fue la reforma electoral, múltiples voces les advirtieron que no podían hacer una reforma así y les valió. ¿Por qué lo hicieron? 
La ciencia tal vez tenga la respuesta. En la edición julio-agosto de la revista The Atlantic aparece un artículo titulado Power Causes Brain Damage, escrito por Jerry Useem, que reseña las investigaciones sobre los efectos del poder en el cerebro. Es decir cómo cambia la cabeza de quienes lo ejercen.
El texto retoma las conclusiones de un investigador de la Universidad de Berkeley, Dacher Kelter, quien afirma que las personas que ejercen el poder actúan como si hubieran sufrido una lesión cerebral. Se vuelven más impulsivas, toman decisiones más arriesgadas y pierden la capacidad de ver la realidad desde el punto de vista de alguien más.    
Otro investigador, Sukhvinder Obhi, un neurocientífico de la universidad McMaster en Ontario, encontró algo muy similar. Al escanear los cerebros de personas con y sin poder, descubrió que en los cerebros del primer grupo está deshabilitado un proceso neuronal conocido como espejo y que es fundamental para desarrollar empatía.  
No son las únicas investigaciones, el artículo cita otros hallazgos. Uno de éstos  es un experimento que mostró que los poderosos tienen mayores dificultades para interpretar los sentimientos ajenos en expresiones faciales.
Incluso, algunos investigadores le han dado nombre a esta condición: el síndrome de Hibris. De acuerdo con los neurólogos David Owe y Jonathan Davidson, también citados en el artículo de Jerry Useem,  el síndrome es un desorden que sufren las personas con poder, particularmente las que lo han detentado por varios años y con pocas restricciones. Quienes lo sufren muestran características como: despreciar a otros, perder contacto con la realidad, acciones imprudentes y alarde de incompetencia. 
Los actuales gobernantes dudo que quieran curarse de tal enfermedad, pero quienes ganarán las próximas elecciones, ¿buscarán prevenirlo?
Cada día estamos más cerca de la llegada de una nueva generación de gobernantes. Sin embargo, valdría la pena preguntarles a todos los que se preparan para la contienda electoral del próximo año, ¿cómo piensan prevenir el síndrome de Hibris? 
Ya tenemos la suficiente experiencia como para saber que la llegada de un nuevo personaje al gobierno no es garantía de un ejercicio diferente del poder. Por eso vale la pena empezar por preguntarles cómo se enfrentarían a los cambios que sufrirá su cerebro. Tal vez  empezando por ahí al fin podamos librarnos de la maldición de que casi todos los gobernantes acaben siendo iguales.  

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org