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A tan solo 45 minutos de Cuernavaca se encuentra la ciudad más congestionada del mundo. De acuerdo con el índice de tráfico TomTom, publicado en febrero de este año, la ciudad de México es la urbe del planeta donde ir en coche de un sitio a otro toma más tiempo. 
A pesar de los esfuerzos para disminuir el tráfico como la ampliación del metro, el sistema de bicicletas públicas, la construcción de líneas de metrobús e, incluso, segundos pisos, la congestión vial va en aumento. El índice también señala que, entre 2016 y 2017, se incrementó siete por ciento los tiempos de traslado. 
Tal vez, ante la derrota propinada por la aplastante realidad, el gobierno de la ciudad de México finalmente decidió seguir la recomendación de un grupo de organizaciones de la sociedad civil, entre éstas el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el Instituto para el Transporte y el Desarrollo (ITDP); las que por años propusieron modificar la política de estacionamientos de la ciudad.  Hace unas semanas, la ciudad de México pasó de exigir un número determinado de cajones de estacionamientos por cada vivienda o comercio construido a un máximo de lugares de estacionamiento. 
Es decir, antes era una obligación proporcionar cajones de estacionamiento, ahora es opcional.  Y no solo eso, hoy entre más lugares de estacionamiento tengas más cara será la licencia de construcción. 

 El cambio constituye un giro de 180 grados en la política urbana, pues se deja atrás la creencia de que con más calles y estacionamientos habría menos tráfico y se acepta la idea inversa: entre más estacionamientos tenga la ciudad más congestión habrá. Mientras se les den comodidades y facilidades a los automóviles la gente seguirá comprando coches y, por ende, aumentando el tráfico. 

Mientras nuestros vecinos le dan un hachazo al paradigma urbano del siglo XX, ¿qué estamos haciendo en Cuernavaca? ¿Acaso no tenemos problemas de tráfico? 
En Cuernavaca aún es obligatorio construir un mínimo de cajones de estacionamientos por cada vivienda, por cada restaurante, por cada tienda. Esto, además de generar más tráfico, como lo acaban de aceptar en la ciudad de México, encarece la construcción. 
La vivienda se hace más cara, pues se requiere tierra y material adicional para la construcción de cada cajón y lo mismo sucede en el caso de los comercios. Para recuperar la inversión, el precio de las casas y las rentas de los locales se elevan. ¿No deberíamos revisar si esta política en lugar de beneficiar a Cuernavaca la perjudica?
 Es increíble cómo en Morelos hemos dejado de mirar al exterior y nos la pasamos viéndonos el obligo, aislados de las discusiones teóricas, detenidos en el tiempo. En Cuernavaca, al menos, deberíamos hacer el diagnóstico de los efectos que las políticas de estacionamiento tienen en la ciudad y revisar si ha llegado el momento de cambiar de paradigma. 
Los colegios de ingenieros, de arquitectos, las facultades de arquitectura de las universidades deberían revisar la propuesta. Los medios también deberían aportar a la discusión. Debatir no empobrece.  

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org