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AHORA: A pocos días del inicio formal del año electoral se discuten las formas en que los partidos políticos pretenden competir, se suma a esta discusión la posibilidad ciudadana de competir sin ser postulado por un partido político. A este escenario hay que agregar la posibilidad de candidaturas comunes y de coalición de partidos.
¿Estamos ante una crisis política en la cual los ciudadanos no se sienten representados por los partidos? Al problema constante de la abstención, del acto consiente de no votar, se agrega el de la pulverización del voto. Un voto que llevará por primera vez en México y en Morelos a formar gobiernos con una aceptación de alrededor de 10% de los habitantes del país y del estado. Algunos sectores de los partidos elaboran propuestas para superar este hecho.
En el PRI se habla de gobiernos de coalición, en el PAN y el PRD de un frente amplio. Independientemente de cómo se presenten a la elección en 2018, a partir de esa elección tenemos que reflexionar sobre el futuro de las elecciones, sobre una nueva reforma política (de largo alcance como lo fue la de 1977/78), y no solo electoral o de partidos. 
AYER: Largo camino en tiempo y en cambios se ha recorrido en México, desde la formación del Estado mexicano en los años posteriores al término de la revolución de 1910.
Somos un país que llega al siglo XX con un sistema autoritario y de una figura, llegamos al siglo XXI, en alternancia de partidos en la conducción de los gobiernos federal, estatales y municipales.
En la presidencia PRI y PAN han sido gobierno, en los estados PRI, PAN, PRD, PVEM, alianzas electorales diversas y hasta candidato independiente han gobernado, en los municipios se agregan partidos políticos locales al ejercicio de gobierno. Las alianzas electorales destacaron en 1988 con el Frente Democrático Nacional (PARM, PPS, PFCRN, PMS y PVM). El avance representado por la alternancia y las alianzas electorales llegó su límite, ahora hay que ejercer el gobierno con mayor participación social (ciudadana) y orientar su trabajo a objetivos claros y con eficiencia.
En los resultados electorales tenemos partidos que ganan por poquito, para gobernar se dice que el gobierno de coalición genera un marco de cooperación pero ¿es sinónimo de pluralidad? ¿Otorga en automático gobernabilidad, legitimidad y eficacia? La segunda vuelta resuelve al precisar que partido gana los problemas de pulverización del voto, pero hay que preguntar si ese voto es un voto que representa al elector o solo escoge entre dos opciones, si se piensa que la segunda vuelta es representativa de la voluntad de la gente ¿para qué queremos 9 ó 10 partidos si finalmente se vota entre 2?
Un reto es que la participación ciudadana supere la acción de partidos y sea el voto ciudadano y no el acuerdo entre partidos lo que determine a los ganadores de las elecciones. Ir más allá de la suma aritmética de votos que los acuerdos partidistas logran con una alianza, votos que al agregarse por decisión de cúpulas producen un ganador.
Hay que hacer de la acción ciudadana un elemento de la acción del gobierno, modificar el sistema presidencial, el sistema federal, y superar la crisis de representatividad de los partidos. Tenemos 9 partidos nacionales y 11 en el estado con una participación ciudadana que claramente ha disminuido.
FUTURO: El debate y las propuestas sobre la reforma del sistema político mexicano deben darse no a la sombra de la elección de 2018, y el pragmatismo que busca condiciones para ganarla. La coalición, los frentes amplios o las alianzas el electorales no deben llevar a una asignación de cuotas o concesiones, sino a la determinación de objetivos socialmente aceptados y demandados. A la colaboración entre poderes y niveles de gobierno.
Si queremos una participación social efectiva en la acción del gobierno tenemos que olvidar la división de lo político y lo ciudadano, lo social y lo político comparten escenario, en él y en sus acciones lo ciudadano se vuelve político y lo político es social.
La tarea de nuestros gobiernos tiene que sujetarse a planes y programas de inversión y desarrollo y no a ocurrencias del mandatario en curso, teniendo como objetivos la reducción de la pobreza y desigualdad, nuestra transición demográfica y marco efectivo de participación social.

Por: Carlos Riva Palacio Than

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