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La mayoría de mis amigos ya no vive en Cuernavaca. Se fueron a estudiar la universidad a la ciudad de México y nunca volvieron. De los pocos que sí estudiaron aquí, una buena parte también ha emigrado y los otros están tentados a hacerlo. En el momento que consigan un mejor trabajo se van a ir. 
Por eso encontrar gente joven que le apuesta a Cuernavaca, que abre negocios y busca hacerlos crecer, es una rareza. Hace días conocí el establecimiento  de uno de estos emprendedores con arraigo.  Su nombre es Mauricio Maldonado. Diseña y produce vestidos de novia y de fiesta. Su mamá, Ana Matus, le ayuda a bordar y su suegra hace los tocados. Es toda una empresa familiar. 
Hace nueve años decidió abrir su negocio y con mucha paciencia, dedicación y esfuerzo ha logrado sobrevivir a la larguísima crisis económica que sufre la ciudad e, incluso, ha crecido. Su tienda está en la calle Cuauhtémoc y se llama Matug. 
El talento humano es el mayor patrimonio de Cuernavaca. Son ellos, los talentosos, los comprometidos, los que quieren a la ciudad, los que la pueden sacar adelante. Por eso debemos apoyarlos y consumir en sus negocios. 
Hay que hacer el esfuerzo, sé que a veces es difícil. Las grandes cadenas donde todo brilla son muy atractivas,  pero el dinero no se queda aquí. En cambio, consumir en negocios locales genera que las ganancias se queden en el estado y se distribuyan entre nosotros. 
“Comprar producto local, no es solo más sostenible sino que contribuye a mantener puestos de trabajo de personas de nuestro entorno y al desarrollo de nuestro territorio. Es importante fijarse, en el momento de la decisión de compra, en el origen de los productos que compramos y darle prioridad a los más próximos a nuestro territorio para potenciar nuestra economía local de la misma forma que el resto de territorios debe hacer lo propio con sus productos.
“No es necesario que todos los productos que compremos sean de proximidad pero sí podemos evitar que el precio sea el único criterio, algo que, multiplicado por miles de consumidores, puede tener como consecuencia que toda nuestra compra sea de producto lejano y provoque el cierre de empresas de nuestro territorio y la pérdida de puestos de trabajo de personas cercanas.” (http://blog.micomerciolocal.com/las-mejores-propuestas-para-reactivar-el...
El ayuntamiento de Cuernavaca debería desarrollar un programa de concientización sobre la importancia de consumir en negocios locales. Por ejemplo, constantemente desaparecen negocios familiares de abarrotes y en su lugar aparecen tiendas de conveniencia, de franquicia,  sin que nadie meta las manos para frenar tal destrucción. ¿Cuántas familias han perdido su patrimonio? Hay que visibilizar las historias que están detrás de cada tienda, de cada negocio, hay que reconocer el esfuerzo.
La iniciativa estatal Orgullo Morelos iba en ese sentido, pero como tantas cosas en el gobierno, al cabo de un tiempo se olvidan. Hay que generar orgullo colectivo, sentido de pertenencia y solidaridad. 
Incentivar el desarrollo económico en el municipio es más que administrar trámites y ser pasivos ante las políticas económicas nacionales e internacionales. Por ejemplo, en la ciudad de Barcelona, el ayuntamiento ha desarrollado una serie de acciones para apoyar al comercio local como galardonar una vez al año a la mejor tienda de la ciudad o el programa educativo “el comercio y las escuelas” donde se educa a las nuevas generaciones en la importancia de este tipo de negocios. Hay tanto por hacer. 

Por:  Vera Sisniega  / www.verasisniega.org