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Por mucho tiempo se consideró que una de las deficiencias de  la infraestructura cultural de Cuernavaca era carecer de un buen auditorio para la presentación de eventos artísticos de calidad. Hasta hace unos días, la capital de Morelos solo contaba con dos espacios para las artes escénicas: el teatro Ocampo y el cine Morelos. Sin embargo, ambos tienen limitaciones, el cine Morelos, como su nombre lo indica, es una sala de cinematografía y el teatro Ocampo no es muy grande.
En el 2012, durante su campaña presidencial, Enrique Peña Nieto se comprometió ante notario  para, en el caso de que ganara, un auditorio en la capital de Morelos. El compromiso quedó plasmado con el número 215.
Al iniciar el nuevo gobierno, se empezó a buscar un espacio para la construcción del inmueble. Se pusieron varias propuestas sobre la mesa, entre éstas, utilizar el terreno de la antigua procuraduría en Tlaltenango. Sin embargo, estaba claro que el lugar adecuado era el auditorio Teopanzcolco. Un espacio bastante descuidado pero con una ubicación extraordinaria. Finalmente, en alguien cupo la cordura y se decidió hacerlo ahí. 
Los trabajos iniciaron en octubre de 2014, cuando se anunció que el arquitecto Issac Broid y el despacho Productora habían ganado el concurso para diseñar el nuevo recinto. Unos meses después, el ayuntamiento, que tiene la titularidad de la propiedad, aprobó entregar en comodato el terreno al gobierno del estado para la construcción del auditorio. El viernes pasado éste finalmente se inauguró. 
La verdad el auditorio luce bastante bien, el diseño es realmente bonito y se integra al entorno maravillosamente. Sin embargo, tiene algunos retos por delante. En realidad la construcción de un nuevo espacio es solo un paso, lo realmente difícil es su correcta administración.
 Es ahí donde casi siempre fallan las inversiones gubernamentales. Se construye, pero luego no hay dinero para pagar la operación y el mantenimiento del lugar. ¿Cuánto dinero se destinará anualmente al funcionamiento del Centro Cultural Teopanzolco? ¿De dónde saldrán esos recursos?
Otro de los retos es la buena imagen del espacio. Es decir, su reputación. Este nuevo centro cultural no solo es un sitio físico sino que es una nueva marca que se nutrirá de lo sobre ésta se diga. En ese sentido, para que tenga éxito es necesario que no viva permanentemente en el escándalo y la mejor manera de prevenirlo es que una administración transparente y legítima. ¿Cómo se tomarán las decisiones internas? ¿Se someterán a concursos las plazas que se creen, empezando por la dirección? ¿Las tarifas para utilizar el espacio serán públicas? ¿Qué lugar tendrá el municipio en la toma de decisiones? Hay que recordar que el ayuntamiento es propietario del terreno. 
La transparencia y la legitimidad con la que se administre este espacio, además de evitar que la marca se desgaste, aportarán también estabilidad a la administración. Si la ciudadanía percibe opacidad e injusticia en la gestión del espacio, será relativamente sencillo para un nuevo gobierno desmontar su esquema de funcionamiento. 
Finalmente, otro de los retos que tiene el Centro Cultural Teopanzolco es el diálogo con la ciudad. Que no se convierta en un edificio más de los que no interactúan con su entorno y que abundan en Cuernavaca. Ese es, por ejemplo, el tema con el Centro Cultural Siqueiros, el lugar quedó muy bien, pero no provocó ningún cambio urbano. 
Para que eso no le suceda al Teopanzolco, es necesario transformar el espacio que lo rodea. Hace unos años, los estudiantes de arquitectura de la Universidad La Salle diseñaron varias propuestas. Una de éstas era convertir en zona peatonal una parte de la calle Río Balsas. 
Las inversiones públicas deben detonar el desarrollo económico y el atractivo de la ciudad. El Centro Cultural Teopanzolco debe ser más que un auditorio, debe ser una nueva zona de la ciudad para ir a pasear, comer, comprar y disfrutar de Cuernavaca. Hay que revivir el asombro de tener pirámides dentro de la ciudad. Por cierto, ¿se van a iluminar?
La mayor tragedia de Cuernavaca es el desperdicio diario de su potencial. Todo lo que podría suceder y simplemente no ocurre. Ojalá, en este caso, se rompa la inercia. 

Por Vera Sisniega

www.verasisniega.org