Para atraer turistas e inversiones, las ciudades gastan carretadas de dinero en publicidad y contratan a grandes despachos de marketing que diseñan eslóganes e imágenes idílicas.
Sin embargo, mientras hay ciudades que necesitan hacerse propaganda de manera tradicional, hay otras cuya localización les permite prescindir de la publicidad ordinaria. Este es el caso de Cuernavaca y su paso exprés, un aparador monumental.
Para millones de personas que viajan a Acapulco por carretera –nuestra principal competencia como destino de descanso– es forzoso cruzar por Cuernavaca. Esto hace que el tramo de la autopista que atraviesa nuestro municipio, el llamado Paso Tlahuica, sea el espectacular más grande con el que contamos para publicitarnos.
Para poner en perspectiva el enorme potencial de este hecho, imaginemos que todos los compradores de un negocio, para llegar a éste, tienen que pasar antes por la tienda que le hace competencia.
Nadie cambiará de último momento su plan de playa por el de quedarse en Cuernavaca, pero sí es posible que, en la siguiente ocasión, le den una oportunidad a nuestra ciudad, pero eso dependerá de lo que vean al pasar por aquí.  
Por eso, en vez de dejar las bardas grises y sin ningún chiste a lo largo de la autopista, habría que diseñar el paisaje que queremos mostrarles a quienes crucen por nuestra ciudad. Obviamente la vegetación, las flores y el arte tienen que ser un elemento central del diseño, pues la idea es reflejar en esos muros las características y la oferta de Cuernavaca.  
Ya hay un avance, pues la reforestación que se ha hecho poco a poco crece. No obstante, resulta insuficiente para este proyecto monumental.
Esta idea no la puede desarrollar el gobierno solito, sino que debería ser un proyecto colectivo que haga que los habitantes nos unamos por una misma causa. Para que el anuncio monumental de Cuernavaca sea un trabajo en equipo la convocatoria debería incluir a los viveristas, a los jardineros, a las escuelas, a las universidades y hasta a las amas de casa.
Desde hace mucho tiempo priva la confusión de pensar que la obligación de un presidente municipal se reduce a proveer los elementos prácticos para el mantenimiento de la ciudad.  En realidad la labor de un alcalde debería ser la de liderar el fortalecimiento comunitario.  
La única manera como una ciudad se puede desarrollar sustentablemente es si sus habitantes están involucrados y dispuestos a trabajar a favor de su entorno. Por eso, lograr que la gente se involucre debería ser la principal función de un gobernante, pues las personas son el mayor capital de la ciudad.
Por supuesto que un gobernante sin credibilidad difícilmente logrará sacar a las personas de sus casas. Por eso, la legitimidad que gana el gobernante al ser electo debería utilizarla para convocar a la sociedad. Los meses posteriores a su triunfo son una ventana de oportunidad única que, si se deja pasar, ya no volverá.
Se ve complicado que el actual gobierno se lance a realizar la convocatoria de embellecer el paso exprés, pero a lo mejor alguna universidad u organización podría tomar el reto. ¿Quién se apunta?  

Por: Vera Sisniega / www.verasisniega.org

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