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La avenida Morelos se ha convertido en un infierno urbano. Entre rutas, ruido, coches, smog, es una calle que, con solo de imaginar que debemos transitarla, empezamos a sufrir.  
Originalmente, la avenida Morelos  era la carretera a Acapulco. Hoy, en cambio, es una de las pocas calles que, de sur a norte,  atraviesan la ciudad de manera recta.  
El problema es que también atraviesa el centro de la ciudad, justamente su peor tramo. Es la parte más estrecha y donde su impacto urbano es más grave. Rompe la continuidad entre, por ejemplo, el Jardín Borda y la Catedral, el Museo de la Ciudad y el Centro Cultural Universitario. Para cruzar del Jardín Borda a la calle Hidalgo, los turistas y visitantes, tienen que torear rutas y coches.
La iglesia de Guadalupe, la que está junto al Borda, no se aprecia bien, pues no hay ni por dónde observarla. Tampoco las casonas que están del lado izquierdo de la calle pueden disfrutarse. Todo un patrimonio arquitectónico desperdiciado.
Avenida Morelos, en la parte del centro, debería ser un paseo y no una avenida. Hay forma de lograrlo, de entrada, hay tres posibilidades.  
La primera es construir un túnel en esta zona que desviaría por completo el tránsito. Desde hace varios años, un reconocido despacho de arquitectura promueve este proyecto. El problema es que es una idea cara y como están las finanzas en la ciudad se ve lejana su realización.  
La segunda es implementar el metrobús. Se trata de crear un sistema similar al de la ciudad de México cuyas características principales son: un carril confinado para los autobuses, estaciones elevadas que permiten ingresar al autobús a nivel, en vez de tener que subir a ellos y un servicio programado y controlado. Con un sistema de estas características circulando por avenida Morelos, disminuirían gran parte de los problemas  de tránsito, ruido y smog que tiene esa calle.  
Tengo entendido que, ahora sí, el gobierno del estado está tan interesado en establecer el Morebús que hasta solicitó un crédito para hacerlo. Sin embargo,  sospecho que ya es un poco tarde para el proyecto. A estas alturas del sexenio, difícilmente dará tiempo de que la obra se concluya antes del 2018 y, además, la falta de legitimidad gubernamental hará muy complicado que pueda emprenderse una transformación tan profunda. Ojalá me equivoque.
La tercera alternativa es la más económica y sencilla de implementar. La idea sería  desviar las rutas hacia Álvaro Obregón,  a la altura de la calle Mariano Abasolo, y ahí construir un carril confinado para que circulen en contraflujo.  En la calle Mariano Arista las rutas se podrían volver a incorporar a la avenida Morelos.
Obviamente, esta idea debe ser revisada por especialistas de mente abierta. Sin embargo, desviar las rutas permitiría que la calle Morelos, en su tramo céntrico, se convierta en una zona de circulación lenta donde el peatón tenga prioridad.
Este modelo de calle, a la que los urbanistas llaman zona treinta, es por ejemplo la avenida 16 de septiembre en el centro histórico de la ciudad de México. Los autos sí pueden circular, pero la prioridad del espacio es para los peatones.
Rescatar la avenida Morelos cambiaría la dinámica del centro, haciéndolo un espacio mucho más agradable y, por ende, más atractivo para visitar. Además, podría generar la apertura de montón de negocios en casas que hoy están abandonas. ¡Claro que hay alternativas!

Por: Vera Sisniega /  www.verasisniega.org