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En la vida hay obligaciones que no nos gustan y, por lo mismo, las hacemos con desgano. Por ejemplo, una cita social a la que no queremos ir, pero no podemos faltar o una junta que sabemos de antemano improductiva y no podemos eludir. Sin embargo, aunque cumplamos con la obligación siempre buscaremos el modo de ahorrarnos la molestia, llegaremos tarde, nos iremos temprano o alguna otra posibilidad que se nos ocurra.
Así justamente se está comportando el Instituto Morelense de Información Pública (IMIPE) respecto a su obligación de crear el consejo ciudadano de la institución. La nueva ley de transparencia obliga al instituto a establecer un comité ciudadano, pero a los consejeros del IMIPE les pesa ese nuevo requerimiento.  
Solo así se entiende que la lista de requisitos solicitados a los ciudadanos interesados en participar sea mayor a la que los mismos consejeros presentaron para ser electos. Mientras que para ser elegidos los consejeros del IMIPE, que ganan 78 mil pesos mensuales, no tuvieron que demostrar experiencia en transparencia, a los ciudadanos interesados en participar, sin cobrar, sí se les solicita. Otro ejemplo es que, mientras para ser consejero oficial del IMIPE no necesitas ser mayor de 35 años, sí lo tienes que ser para formar parte del consejo consultivo.
Todo esto sin mencionar la enorme lista de papeles que un interesado tiene que presentar y que obviamente inhibe la participación. Por ejemplo se solicitan todos los documentos certificados ante notario, incluso la cédula profesional que puede ser verificada en Internet sin mayor problema. Para mostrar el absurdo de la tramitología del IMIPE, ninguna de las personas que se candidatearon para ser parte del del Consejo de Participación del Sistema Nacional Anticorrupción tuvo que presentar este cúmulo de papeles. Los interesados en dirigir los esfuerzos nacionales de combate a la corrupción presentaron como documento oficial solo la copia simple de su acta de nacimiento , en cambio, el IMIPE, solicita siete documentos oficiales y todos certificados.
Por si este muro de requisitos resultara insuficiente para contener a los ciudadanos, el IMIPE publicó, sin muchas ganas, la convocatoria. A su difusión dedicó únicamente tres tuits mientras que, por ejemplo, para promover una caravana y un evento de lucha libre en Jojutla dedicó 21, además de hacer una rueda de prensa.
Igualmente, a los interesados solo les dieron diez días hábiles para juntar la  absurda lista de requisitos, en plena época de posadas y eventos navideños. La convocatoria se abrió el 8 de diciembre y concluyó el 21 de diciembre. Por cierto, el IMIPE publicó la convocatoria con un retraso de alrededor de 20 días, pues ellos mismos se habían puesto como límite para lanzarla la última semana de noviembre.
Por supuesto, el resultado era de esperarse; solo dos ciudadanos se inscribieron. Sin embargo, la ley dice que deben ser tres los consejeros ciudadanos así que el IMIPE tendrá que volver a publicar la convocatoria. Ojalá en esta ocasión lo haga con más ganas y elimine ese listado absurdo de documentos.
Es penoso ver cómo una institución creada para fortalecer la participación ciudadana se ha convertido en una instancia burocrática. Hoy el IMIPE administra el tema de la transparencia en lugar de encabezar la lucha contra la corrupción y la opacidad.  Es un barco a la deriva, sin agenda y sin causa. Urgen cambios en esa institución o, dentro de muy poco, será un elefante blanco más de los que abundan en el gobierno y que solo cuestan dinero.

 

Vera Sisniega

www.verasisniega.org