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Cuando éramos chamacos, en la casa se oían frecuentemente frases como estas: “deberías ser tan aplicado como tu hermano”; “tu prima fulana es mucho más bonita que su hermana”; “Vas a acabar peor que tu primo”; “Nomás no me vayas a salir con que admiras al güevón de tu tío”; “Cuál de los abuelos tendrá más lana” y así una inmensa cantidad de afirmaciones tendenciosas que me hicieron convencer de que las comparaciones son odiosas.
Sin embargo, luego de que a media semana me senté frente al televisor a mirar el encuentro de la Champions entre la Roma y el Real Madrid, para por la noche ver el Toluca ante el Gremio de Porto Alegre, no tuve más remedio que comparar el hermoso futbol europeo con el horrible balompié que se juega en la Copa Libertadores.
Tampoco es un tema que se relacione con los “choriceros”, simplemente es que todos los juegos en la justa sudamericana tienen el mismo libreto: El visitante encerrado atrás, dejando a un solo delantero a ver si pesca algo. Y Dios nos libre si lo logran pues entonces no solo persistirán en defenderse sino que tirarán al balón a cualquier parte, fingirán lesiones y todo lo que conlleve a perder tiempo para salirse con la suya.
Uno pensaría, bueno pero ya en los partidos definitivos, donde es a matar o morir, la cosa mejorará, pues no, simplemente porque no saben jugar de manera diferente.
En Europa hay un mayor respeto al espíritu del juego y por supuesto, al espectador. Por eso vemos en la mayoría de los estadios sudamericanos las tribunas vacías y en el viejo continente el graderío colmado de espectadores.
En mi opinión, esto tiene como principales responsables a dos gremios: Los entrenadores y los árbitros.
Los técnicos en nuestra área juegan simplemente a no perder y si el resultado les favorece pues qué mejor. Allá los equipos juegan a ganar, en casa o fuera de ella y ahí está el caso del Madrid, yéndole a pegar en la capital italiana a su sólido rival.
El otro tema es el arbitraje: El principal cómplice de las actitudes antideportivas y de que se juegue lo menos posible en América son los propios silbantes. El promedio de minutos realmente en que el balón está en juego es de 22:30 por tiempo. En la Champions es de 30:00.
Por supuesto que en el viejo mundo podemos ver partidos espantosos y por estos lares algún juego espectacular pero la estadística no miente y la comparación se hace obligada. El mejor futbol del mundo se juega del otro lado del charco mientras que acá, se practica un deporte muy parecido al balompié.
Por lo pronto, Toluca hizo su parte derrotando al Gremio y espero que los Pumas hagan lo propio con el Emelec. La tirada es larga pero ya es hora de que un club mexicano de la campanada en la Libertadores.
“Deberían de aprender de la sub-17”, diría mi padre.