En la actualidad, existen temas bastante delicados  y y recientes como la marcha por los derechos de la mujer que se conmemora cada 8 de marzo, justo como el día de ayer, haciendo alusión al evento ocurrido en New York hace poco más de cien años, donde más de un centenar de mujeres perdieron la vida tras ser quemadas junto con un complejo laboral en el que ellas se encontraban.

Al día de hoy, bastantes grupos de personas adeptas a la ideas del feminismo contemporáneo encuentran en la conmemoración de este acto, el punto máximo de lo que dicen es su lucha por la “igualdad”. ¿Cómo saber en qué punto podemos encontrar el desfase o la paradoja de la eliminación de la violencia haciendo uso de la misma?

En virtud de hacerle saber a las manifestantes que las autoridades comprenden y ven como legítima su petición y manifestación, y de manera coherente con el discurso que promueve la marcha, se desplegaron 80 mil policías mujeres que se encargarían se salvaguardar la seguridad de las asistentes y de los monumentos históricos que podían ser dañados al paso de la marcha, su fin no era reprimir ni atacar a las manifestantes sino protegerlas.

Sin embargo, tras los videos y fotografías publicados en los medios de comunicación el día de ayer, podemos observar manifestantes usando petardos y bombas molotov en contra de las policías que se estaban encargando de su seguridad. A razón de lo anterior no sólo algunas policías sino las mismas manifestantes sufrieron los estragos de quienes decidieron “transgredir” la finalidad de la marcha.

“Espero que por su dichosa lucha la cara no me quede marcada”, posteó en su cuenta de red social la mujer policía Lucero San Juan, quien sufrió quemaduras debido a un petardo arrojado por una de las manifestantes. 

Los reportes del ERUM arrojan como el sado de ayer un total de 38 atenciones médicas entre las que se encuentran convulsiones, desmayos, fracturas, deshidratación y quemaduras.

En resumen, una lucha por los derechos y el cese de la violencia es, en el marco jurídico aplicable, bastante legítima y  razonable, pero al aire podemos dejar la duda cuando pedimos el cese de la violencia con más violencia que no sólo es pragmáticamente imposible, sino que atenta contra los fundamentos del movimiento que se jacta de presidir una manifestación como ésta.

Israel García Rojas

259401.ig@gmail.com
 


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