En la actualidad existe un grave problema que no saben encarar los estudiantes al salir del ciclo de la secundaria y entrar a la fase escolar media superior, es para ellos un paso abismal. Ya sea en las escuelas públicas o en los colegios particulares, los jóvenes llegan desorientados y tan mal preparados que necesitan la ayuda de todos los que los rodean para volver a funcionar dentro de esta sociedad.

Entonces los maestros, que muy pocos de ellos están preparador para lidiar con jóvenes con algún problema de aprendizaje, los apartan, los sientan hasta atrás del salón de clases y los castigan por no entender lo que los maestros les explican.

Y así el joven que tiene problemas de visión, cuando no pueden ver bien estando al frente del maestro y del pizarrón, menos aprenderá sentado hasta atrás.

O el caso de alguna deficiencia, como el “Síndrome de Atención” los que pueden sufrir altos niveles de ansiedad, hiperactividad y ausencia de contról, así como escasa organización mental. Este caso de “enfermedad”, la sufre el 80 por ciento del universo estudiantil. Unos más visible que otros y que pasan los años pero que nunca pudieron leer un libro y entenderlo, o lograr buenas calificaciones sin saber por qué son distintos de los demás educandos; y eso agranda su problema.

En este caso y en otros similares. Pocos son los profesores de colegios particulares que tienen gente especializada para tratar estas dificultades en la enseñanza hacia los jóvenes con problemas. Sin embargo la familia con posibilidades económicas que tiene a su joven estudiante en tal colegio, lo lleva con doctores especialistas, ya sean sicólogos o siquiatras quienes se enteran de la falta de “seratonina”; los siquiatras les recetan medicamentos como el Ritalín u otros semejantes los que esperan que en la madurez desaparezca esa hiperactividad. Pero los profesores los reportan a la dirección del colegio, la cual no busca como ayudar al joven y no lo corren porque no quieren perder lo que reciben de su colegiatura.

De hecho, se han perdido los principios de respeto de parte de los alumnos hacia los profesores al igual que a los directivos de las diversas instituciones escolares, que difícilmente se encuentra a quién culpar.

Algunas de las razones por las que los jóvenes se comportan así, son: la poca atención que reciben en la casa, donde el padre, si es que es parte del hogar, sale temprano a trabajar y la madre se encarga de llevarlos a la escuela, regresar a cocinar y hacer los trabajos de la casa mientras espera la llegada del papá, quien desea descansar del trabajo, encontrar un poco de cariño y buenas noticias, más no tener que escuchar quejas y regaños por parte de la mujer, de la pequeña llorando y de ese hijo que quiere contar sus problemas pero no encuentra interlocutores.

Sin embargo ahí no comenzó la educación de este joven quien pasó por el kínder y los niños se burlaban de él por no saber dibujar y el niño la emprendía a golpes contra el burlón. Y así fue en la primaria donde los padres le ponían más atención y hasta se comunicaban con el profesor.

En secundaria los maestros eran más estrictos y trataban al todavía niño, como a uno de más edad, por lo que al salir de la secundaria se sentían descontrolados y le temían a la preparatoria; a “ese mundo de hombres mayores”, por tanto los profesores quieren que aprendan bien en tercero de secundaria para así llegar un poco más preparados hacia el siguiente paso en que deben de llevar el conocimiento para aprender y que cuando pasaran por los estudios medio superior y superior, salieran preparados para enfrentarse al mundo del trabajo.

Y de pronto se encuentran con el negocio de las drogas, las que lograron evadir cuando estaban en la secundaria. Y ahora las fiestas ya no son en la casa del papá del compañero, ni era cosa de beber un poco de alcohol y quizás uno o dos cigarrillos con su clásico tosido cuando uno está empezando con el vicio. “Ahora, el que no se emborrache es una gallina” le dijo unos de los más grandes muchachos de la reunión, y en la segunda copa le vierten un poco de droga y en lugar de tabaco lo hacen fumar mariguana de cuyo efecto vuelve en sí al despertar a las cinco de la mañana; y enfrentar al padre con un cinturón en la mano y a su mamá envuelta en lágrimas por la desaparición de su hijo.

Aunque él no se acuerda de lo que sucedió, les prometió a sus padres que jamás se volvería a repetir y la siguiente vez que lo invitaron él ya no aceptó y en la escuela le dieron una paliza de la que jamás se va a olvidar. Nadie le dirigió la mirada o platicó como antes lo hacían, hasta que fumó, tomó las pastillas que le daban y se comprometió venderles a los nuevos estudiantes la misma ración que a él le habían dado, sólo que esta vez hasta dinero ganó. Se quiso salir de esa vorágine pero ya era tarde. Ya lo habían amenazado con un arma, le prestaron una navaja para que le diera un pequeño piquete al que no quisiera pagar y que ese compañero comenzara a vender también.

En ese momento el joven hizo lo que muchos otros: dejar la escuela, engañar a sus padres y volver a entrar en un estado depresivo. “Lleva varios días de no presentarse a clases y tiene que seguir estudiando, porque para poder entrar a la universidad debe de llevar un conocimiento universal y no puede dejar la escuela pues necesita continuar preparándose y llegar al término de sus estudios con una mayor ilusión para saber más”.

“El reto escolar es el de saber qué es lo que se prefiere estudiar como especialidad para no estarlo buscando cuando ya estén en la universidad. Todos los conocimientos que se puedan aprender dentro de la escuela, siempre tendrán una relación con la carrera que se vaya a escoger”, resaltó el director del colegio.

El peligro está dentro del hogar pero principalmente dentro del salón de clases: La indiferencia de los padres debido a sus múltiples actividades, quienes dan por hecho que ellos ya cumplieron con su responsabilidad de haberlos enviado a la escuela sin darse cuenta de la indiferencia y falta de preparación de los maestros para ayudar al estudiante, platicar con los padres, llevarlos por el aprendizaje y no sólo por la información que hay en los libros de texto, enseñarles la ética, el civismo y la entrega hacia sus semejantes.

En la escuela se enseña que hay que aprehender a aprender, pues una cosa es el método y otra el conocimiento.

En síntesis la escuela pública con maestros normalistas, está más preparada que el colegio privado, donde el doctor imparte clases para presumirlas en su currículo, importándole poco que el alumno no se reciba y en el futuro le haga la competencia.

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com


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