1.

No es novedad que aprendemos a VER; no nos referimos a lo fisiológico, esa serie de operaciones del nervio óptico y el cerebro que ocurren de manera automática desde que nacemos (también soñamos en términos de imagen), sino al sentido que le damos a lo que vemos. Al incesante discurso interno que nos platica frente a ciertos estímulos visuales. 

A esa capacidad de ver-pensando/pensar-viendo/vernos-viendo le llamo yo -con una pasión que no me deja- LA MIRADA. 

Junto textos sobre miradas y estoy segura de que un día escribiré un libro sobre el tema en cuestión. Incluiré por supuesto, un capítulo sobre esa particularidad que forma parte esencial (junto con la sonrisa), de millones de retratos, cosa rara, tema poco explorado. 

Diré que cada MIRADA tiene una época, una ideología, un contexto detrás. En este sentido, escribiré que a cada CULTURA le corresponde una manera de ver. No dejo de pensar que somos más OJO que nada. Somos cuerpos observantes, somos anteojos, somos lentes, somos microscopios y de una manera que impacta a los demás, somos asimismo guiños, parpadeos y lágrimas. 

 

2.

Pienso asimismo en los maestros de las miradas: ¿de qué manera los artistas nos enseñan a ver? “Las maneras de sentir forman parte de esquemas institucionalizados de la cultura”, de allí que podamos hablar de una antropología de los sentidos y que Maurice Merleau-Ponty haya diferenciado los términos SENSACION y PERCEPCIÓN, dándole paso a quienes luego explicarían el mundo como una Historia de las Mentalidades y más que eso, como una Historia de las Sensibilidades que permea los ámbitos artístico, intelectual y de las costumbres. (Ana Lidia M. Domínguez y Antonio Zirión, Coordinadores. (Cfr. “La dimensión sensorial de la cultura. Diez contribuciones al estudio de los sentidos en México”. México, Universidad Autónoma Metropolitana, Ediciones del Lirio, 2017). 

Dicen estos expertos que observación, imagen e imaginarios, conceptos propios de la antropología visual forman parte de las preocupaciones teórico-metodológicas desde el nacimiento del cine. Aseguran que hay razones de peso para dudar de la objetividad. Dicen que la mirada y la representación visual son un constructo sociocultural (Op. Cit. P- 18).

 

3.

Por eso creo que el cine mexicano tiene mucho QUE VER en la conformación de nuestra IDENTIDAD.  No hay manera de no vernos en ese espejo condicionado por la fotografía de Gabriel Figueroa, el camarógrafo más importante del cine mexicano, a quien le debemos haber retratado el paisaje mexicano en blanco y negro, con una amplitud “romatizada”, tachonada de nopales y magueyes iluminados por un sol en pleno ocaso o levantándose, que propició para siempre la presencia de sombras alargadas en nuestra memoria.

MIRAMOS MEXICANO también porque las composiciones producidas por los muralistas nos enseñaron a ver trágicamente nuestras raíces indígenas y a idealizar la pobreza. 

 

4.

A casi una semana de la partida de este plano terrenal del Maestro Adolfo Mexiac, distinguido miembro del célebre Taller de la Gráfica Popular, quiero añadir  que a él también le debemos MIRAR MEXICANO. 

Mexiac fue uno de los artistas más notables de la estampa nacionalista, exaltó sí nuestras raíces indígenas y el mundo rural, como lo hicieran sus compañeros de generación, pero también buscó darle un peso específico a los desposeídos en la historia del arte mexicano, desvinculándolos de la pobreza como emblema. 

Su obra cimentada en el alto contraste propio de la xilografía y el grabado en linóleum le confieren a estos originales múltiples una mesura de la que a veces carecen otros de su generación propensos al dramatismo extremo. Es momento de pedir que no sea su famoso grabado titulado “Libertad de Expresión” la obra que más se recuerde de él. Habrá oportunidad de mirarnos mirando mexicano frente a elocuentes piezas suyas en breve. FIN.

 

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com