La segunda Jornada del Torneo de Apertura 2019 en el balompié mexicano me dejó un mal sabor de boca desde el punto de vista arbitral. Aunque en términos generales podemos hablar de que los hombres de negro salieron bien librados; en lo particular, existieron algunas situaciones que merecen ser analizadas.

Escapa a mi entendimiento que en el partido Chivas vs. Tigres, el silbante en turno, Oscar Macías Romo, no se haya percatado de la clase de patada que Carlos Salcido le propinó a Michael Pérez, al minuto 22.

Digo, se trató de una patada de taekwondoín que por supuesto ameritaba la tarjeta roja; sin embargo, se vio en la necesidad de ir a consultar el monitor para expulsarlo. El VAR le hizo la tarea; pero debe mover a la reflexión el hecho de que un árbitro profesional pierda la concentración de tal manera.

En el mismo partido, opino que, así como expulsaron a Tomás Boy por un comportamiento más que inapropiado, también debieron mandar a Gignac a bañarse temprano; pero, al parecer el ariete francés “tiene fuero”.

En el Pumas vs. Necaxa, dirigido por Eduardo Galván, pienso que Pablito Barrera debió de haberse ido a las regaderas una vez que ejecutó el penal que significó el segundo gol de los universitarios al cometer dos incorrecciones: 1) sacarse la palayera al festejar un gol y 2) Patear el banderín de esquina, derribándolo. Desafortunadamente, se la perdonaron y todo quedó en un simple cartón preventivo.

Y en el encuentro que acaparó la polémica de la semana, opino que la jugada del minuto setenta, en donde el colegiado Roberto García Orozco señaló la pena máxima en favor de los de Coapa ¡No era de VAR!

Los encargados del video arbitraje deben invitar al nazareno a revisar la jugada en el monitor solamente cuando la repetición demuestre que su marcación original es “manifiestamente errónea”; es decir, que cometió una equivocación flagrante y eso no aplica en el caso que nos ocupa.

Roger Martínez ingresó al área y al parecer Andrés Mosquera lo derribó; pero resulta muy difícil, aun con la repetición, afirmar que el árbitro erró en su primera apreciación. Aunque, ya viéndola con lupa quizá haya sido finalmente el delantero americanista quien pisó la punta del zapato del defensor leonés, la jugada sigue siendo muy polémica.

Concluyendo, me parece que por principio de cuentas no era una acción para ser revisada en el monitor y que, ante la falta de contundencia en la repetición, Roberto García… no se debió retractar.

Eduardo Brizio
ebrizio@hotmail.com