La posición de Banobras (y de Capufe) ha sido que no ha lugar a la cancelación de las casetas de autopistas en territorio morelense “porque hay suficientes vías alternas de circulación”. Y sí, pero están saturadas y así no se da el libre derecho al tránsito, lo cual constituye un atentado a la garantía constitucional del ciudadano. Históricamente insensible, el gobierno federal, en lugar de siquiera considerar la posibilidad de eliminar las casetas de Tres Marías, Tepetzingo, Xochitepec, Tepoztlán y Oacalco, como ha sido el reclamo insistente de la ciudadanía, cada vez que se le antoja aumenta las tarifas, como hizo a pocos días de que finalizara la administración de Enrique Peña Nieto. Pareciera entonces que tanto el Banco Nacional de Obras y Servicios como la dirección de Caminos y Puentes Federales (Capufe) allanan el camino a la reprivatización de la Autopista del Sol, elevando los peajes para que el negocio sea atractivo a las empresas que se frotan las manos ante la expectativa de un negocio de utilidades archimillonarias. Pero si esta es una tendencia natural en las políticas económicas del neoliberalismo, del que el presidente Andrés López Obrador asegura ya salimos, la realidad está en las imágenes cotidianas de la autopista más cara y mala del mundo, la Del Sol. Las vemos todos, menos la tecnocracia dorada de los “nuevos tiempos” que no viajan por tierra, sino en avión: Al chofer del Futura echando pestes porque salió temprano del D. F., pasó por Cuernavaca con destino Acapulco y, desmañanado y exhausto, tardará mucho todavía para llegar a la terminal de Chilpancingo y darse un duchazo refrescante... Al dueño del Vocho estacionado en el acotamiento, porque su carcacha ha sufrido un calentón y no hay quién pueda o quiera apoyarlo, pues los Ángeles Verdes también están aprisionados en el tráfico denso... Al hombre de corbata con apariencia de ejecutivo echando “celulalarazos”, temiendo que llegará tarde a la cita de negocios, que no lo esperarán y perderá una lana que de por sí no es fácil lograr en estos tiempos de jodidez extrema.... Al ama de casa que está a punto de la histeria, abiertas las ventanillas de la camioneta que sacó ayer de la agencia pero ya se le descompuso al aire acondicionado y, segura de que llegará retrasada, toca como loca el claxon pero nadie “la pela”... Al agricultor cuya ocupación delata el letrero en la portezuela de la pick-up desvencijada. Viaja con una señora y un joven que deben ser su esposa y su hijo. Desesperado, mienta madres, lleva un marrano en la batea que se deshidratará antes de que lo hagan “carnitas” para la fiesta familiar. Procedente de Chilpancingo, después de cuatro horas apenas está en El Polvorín. Lo atoraron las reparaciones eternas de la autopista, los deslaves y los carriles cerrados. Adelante sigue el caos, y parece imposible entrar a la avenida Morelos cuando apenas se acerca la “hora pico” y ya es un infierno vial peor que la autopista. Por el lado del Paso Exprés (que no suele ser exprés sino lento) las cosas no están mejor, convertido en una avenida más por la explosión demográfica y el aumento del parque vehicular… Como digo: nuevo no es el asunto. Mayo de 2017. Los habitantes de Xochitepec, que de manera intermitente bloquearon la Autopista del Sol amenazaron con que si funcionarios de Capufe no dialogaban con ellos, la próxima vez el bloqueo sería permanente. Exigieron que la paraestatal les cobrara tarifas preferentes en las casetas de “Xochi” y Tepetzingo, porque a sesenta mil lugareños de la zona les significa una carga económica. Vieja su demanda, la vienen planteando desde el gobierno 2006-12 de Marco Adame Castillo, pero difícilmente lograrán tarifas preferentes ya que si lo consiguieran Capufe debería hacer lo mismo en cientos de casetas de la red de autopistas. Esperarán sentados una mesa de diálogo con mandos medios de la paraestatal o con el mismo director general, quien, si rara vez hace pie en su oficina de la Calzada de los Reyes en Cuernavaca, menos encarará a los demandantes… Y más para acá, lentos los trabajos que retiraron una parte de las barreras en el Paso Exprés, quedó mejor pero no en condiciones óptimas, frecuentes todavía los accidentes pero ciertamente no tantos como estuvo los últimos meses del gobierno peñanietista… (Me leen mañana).

José Manuel Pérez Durán
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