Vaya que encendió ánimos y no precisamente lumbreras, la propuesta del Presidente Andrés Manuel López Obrador, de poner a consulta ciudadana el Proyecto Integral Morelos (PIM), en otras palabras, el también conocido proyecto de la termoeléctrica en Huexca, que por diferentes circunstancias, lleva tiempo detenido.

Sin duda es fundamental para tomar este tipo de decisiones, tener toda la información relativa y antecedentes para poder construir una definición propia para que en la próxima consulta del 23 y 24 de febrero, cada persona participe informada, sin influencia política alguna y bajo el espíritu de sumar su voluntad a una colectividad, en la novedosa forma de tomar decisiones técnicas.

A finales de febrero, morelenses, tlaxcaltecas y poblanos votaremos si queremos o no, se concrete el PIM, mismo tema que fue impulsado por el Gobierno de la República en la administración del Presidente Peña Nieto, ante una necesidad de darle a la región beneficios (Morelos, Puebla y Tlaxcala) y en lo que a nosotros atañe, que fuera una obra que estaría generando a un menor costo, las tarifas de electricidad en Morelos y agua a la zona.

Sabemos de manera muy superficial, que la edificación de la termoeléctrica trae aparejadas grandes obras de beneficio a municipios. Pero también hemos escuchado voces que señalan impacto social y ambiental, así como problemas de abastecimiento de agua. Lo real es que al haber dos visiones encontradas del proyecto, imperó la desinformación; por ello es fundamental que el Gobierno actual, tanto federal como estatal, nos digan sus pros y contras.

De nada nos sirven ver expresiones que califiquen de “conservadores” a quienes no apoyen la termoeléctrica y de buenos ciudadanos a quienes si la apoyen. Quien asesoró al Presidente López Obrador para llamar conservadores a los opositores del proyecto, paso por alto que la termoeléctrica trae una historia problemática fuerte.

Vale la pena recordar, desde los conflictos sociales por no haber sido tomados en cuenta los pobladores, la toma de terrenos ante la negativa de grupos sociales y ambientalistas por donde pasaría infraestructura, demandas judiciales, recomendaciones de la CNDH, amparos y un sin fin de vericuetos -algunos todavía activos- que han conflictuado las obras y sobre todo, que han dejado disputas entre quienes apoyan el PIM y sus detractores.

Destacar esto es fundamental: cualquier consulta genera ganadores y perdedores, esta de la termoeléctrica, trae fuertes vínculos sociales y añeja política enfrascada; inversiones privadas multimillonarias, causas indigenistas y ambientales; soslayar que entre unos y otros no han existido serios agravios, es desconocer la realidad y estos ingredientes en una consulta pueden causar más daños que beneficios.

La consulta tiene que ser segura y que no ponga en peligro la integridad de nadie, ya que nada sería más lamentable, que el ejercicio desate aún más violencia e inconformidad.

Huexca es un proyecto donde cualquiera de las ópticas podría tener la razón; razón que no está alejada de la pasión y aquí es donde hay que tener mucho cuidado.

Ojalá veamos de este ejercicio, un auténtico mecanismo de terminar un conflicto donde nadie ha ganado; donde sólo los falsos intermediarios, han salido triunfadores.

Por favor, para brindarle respetabilidad a la consulta, que ésta se haga bajo los más altos parámetros de libertad, difusión, transparencia y formalidades respectivas. Si no se hace una consulta seria, en Morelos el “si o no” a la termoeléctrica, mas que una solución democrática y pacificadora, encenderá las antorchas.

 

Por:  Guillermo Amerena Betancourt  

[email protected]