1.Pareciera que no queda claro, en el caso de las consecuencias de un desastre natural como los ocurridos el 19S, por qué habríamos de levantar, de reconstruir lo caído. La tentación es enorme: ¿Por qué no invertir en un mundo nuevo, ahora que vivimos la época de los hiperconsumos de los que habla Gilles Lipovetsky, tiempos marcados por la cultura del ESTRENO y del deshecho? 

Abraham Maslow, psicólogo humanista, publicó en 1943, en “A Theory of Human Motivation” que la vida se nos va en la búsqueda constante de la satisfacción de necesidades de distinto orden. Bárbaro descubrimiento: Necesito, luego existo, o “Compro, luego existo”, como diría la Loaeza.  

Y a tal tarea nos damos jerarquizando objetivos y acciones. Primero nos encargamos de ponerle palomita a las necesidades que atañen a lo fisiológico y la seguridad (comer, dormir, vivir bajo techo) y cumplidas estas tareas -para lo cual trabajamos arduamente-, pasamos a las que se refieren a la AUTORREALIZACIÓN, no sin antes detenernos en lo que él llama necesidades de afiliación (sinónimo de nuestras relaciones humanas) y de Reconocimiento (respeto, búsqueda de la mirada de los otros). 

Decía él -y al hacerlo generó gran impacto en diversas disciplinas-, que esto de la  autorrealización incluye la satisfacción de las necesidades de bondad, belleza y orden, a las cuales parece que nuestro cerebrito tiende de manera natural (salvo casos de probada patología, los de los diversos malandros que andan por allí). 

Pero al hablar de la trascendencia de los opuestos, Maslow introdujo una situación que cuesta trabajito resolver cotidianamente. Y es que a pesar de que esto es sinónimo de evitar el conflicto, resulta que nos sale la resistencia al esfuerzo, se nos presenta el pensamiento dual, simplista, y por eso cada rato nos anda llevando patas de cabra, nos bronqueamos, pues.

Pero se trata aquí de hablar de patrimonio y resulta que si aplicamos esto de evitar el conflicto de opuestos al asunto que hoy nos atañe, podemos colegir que nuestra capacidad de RESILIENCIA (la de volver a un estado pacífico, estable, a gusto cada que algo nos lastima) se fortalecería si logramos conciliar pasado y presente, lo caído con lo recuperado. Vivir con lo nuevo y con lo viejito, porque para todo hay gustos.

2.Por otro lado, la conservación del patrimonio cultural al que la UNESCO llama TANGIBLE o MATERIAL e INTANGIBLE o INMATERIAL, también tiene que ver con la CULTURA a la que pertenecemos y es que como dice el Maestro Eduardo Nivón Bolán, experto en la materia, estamos educados para pensar en la CONTINUA construcción de un proyecto nacional y en el fortalecimiento de la cohesión social basándonos en el PATRIMONIO. 

Y como usted sabe, querido lector, hablar de un PROYECTO DE NACIÓN es asunto gordote. Por culpa de esta idea, de esta voluntad de ser autónomos y no pertenecer a otros, nos independizamos de los españoles. Poco después, los nacionalismos comenzaron a determinarnos. Y resulta que esta creencia justifica la existencia de las instituciones. 

3.Por último, creo que la toma de protesta de nuestro nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador el 1 de diciembre recupera y enriquece este paradigma que vincula PAÍS con Patrimonio. Y es que tal parece que su proyecto de nación incluirá la parte siempre olvidada, neciamente opacada de nuestra historia mestiza. Este sábado, en una ceremonia extraña por novedosa en el protocolo habitual, se visibilizaron nuestras raíces indígenas, a las cuales, cosa curiosa, reconceptualizamos desde nuestra cultura occidental cada seis años. Se habló de Culturas Originarias, con una visión más respetuosa que aquella paternalista, que caracterizó a instituciones como el antiguo Instituto Nacional Indigenista, que buscaba aculturar al individuo no hispanohablante. ¿O cómo lo ve usted? FIN

 

Por: María Helena González

[email protected]