La consulta que el presidente electro Andrés Manuel López Obrador acaba de presentar en una votación inusual, ha producido un torbellino en el que casi toda la población mexicana, junto a otras muchas partes del exterior se ha visto envuelta.
López Obrador dice que la consulta con relación a los aeropuertos de Texcoco o al de Santa Lucía es legal. Porque el escrutinio que se hizo, fue dirigido a la población para que den su propio punto de vista acerca de escoger dónde deseaban la mayoría de los connacionales el que continuara edificándose el aeropuerto en Texcoco o que se hiciera en el aeropuerto militar de Santa Lucía.
Al principio la ciudadanía se sorprendió que algún gobernante le preguntara qué es lo que él debería hacer al tomar posesión este próximo primero de diciembre, sobre el lugar donde se edificara el nuevo aeropuerto y la gente podía decidir cuál sitio prefería escoger para su construcción.
Las opiniones de café no se hicieron esperar. La gente se repetía que no sabía nada de aeropuertos, otros expresaron su miedo de que unos pudieran votar a favor del que afectara sus intereses y los más no quisieron intervenir en la votación, porque la encuesta los agarró desprevenidos.
Aunque Andrés Manuel ya había llegado a un trato con los inversionistas del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICIM), el que dejó de llamarse así y convertirse en Nuevo Aeropuerto de México (NAIM). El trato era que nadie iba a perder sus inversiones ni sus contratos hechos con anterioridad, por tanto, lo invertido les sería devuelto de una u otra forma o la iniciativa privada tendría que terminarlo con su propio dinero, porque ya no contarían con un centavo más de inversión por parte de los fondos del pueblo de México.
Aunque ninguno de los empresarios estuvieron de acuerdo después de los resultados de la consulta popular, en que los ciudadanos, en un voto universal en el que eligieron el aeropuerto de Santa Lucía, con una votación a favor del 69.9 por ciento, contra el 30.1 del NAIM.
Las Cámaras Empresariales no estuvieron de acuerdo al ver el resultado de esa consulta pública. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y los inversionistas echaron a andar toda la maquinaria informativa en contra de esa consulta. Televisa se opuso a todo tipo de arreglo y al igual que los empresarios comenzaron un enorme ataque mediático.
Trajeron a varios personajes expertos en construcciones, en finanzas y en navegación, quienes respaldaban la edificación con argumentos técnicos válidos, al igual que los empresarios de las diversas cámaras y, por supuesto, los comentaristas de las televisoras junto a la gran mayoría de los periódicos nacionales, pero no mencionaron ninguna de los repercusiones negativas que ese aeropuerto tendría contra la ciudadanía en general, ni siquiera invitaron a un ciudadano de los que ellos llaman “el pueblo”, para que expusiera sus razones. Porque está bien escuchar las opiniones de los maiceados expertos, pero por qué no invitaron a ningún campesino.
Por otro lado, López Obrador siguió explicando, desde su casa de campaña, las ventajas y desventajas que tendría dicho proyecto, las posibilidades de agrandar el aeropuerto militar de Santa Lucía y quizá también el de Toluca sin tener que destruir el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Benito Juárez, pues una parte del plan del gobierno actual, era quitar ese aeropuerto que ya estaba obsoleto y continuar construyendo el NAIM.
Después de varias semanas de entrevistas y publicidad a favor del NAIM y de las razones expuestas por el próximo gabinete del presidente electo, el que fue blanco de ataques desde muchos frentes, al grado que uno de los comentaristas de Televisa lo insultó y López Obrador expresó que no regresaría a esa televisora ni hablaría con el trabajador de esa empresa.  
Al ver que era casi imposible llegar a un acuerdo, fue entonces cuando Andrés Manuel decidió llamar a esa consulta pública para que la ciudadanía decidiera cuál camino tomar. De inmediato se escucharon las críticas y las desavenencias de los inversionistas y del gobierno federal… “¿De dónde va a sacar el dinero para esa encuesta?”, preguntaron; “Esa no es una encuesta legal”, etcétera. A lo que López Obrador contestó que era una toma de opinión del pueblo y él la iba a respetar.
Los empresarios vociferaron que el pueblo no sabía nada de aeropuertos, pues la mayoría ni siquiera se había subido a un avión, a lo que los que querían el de Santa Lucía y no el de Texcoco defendían su punto de vista al decir que los expertos sólo piensan en las construcciones, los costos y las ganancias de la obra, pero nunca se detuvieron un minuto a pensar en los seres humanos ni en la inutilidad de dicho enorme aeropuerto tan oneroso para un País con tantas carencias como lo es México.
El argumento de los empresarios era que ese sería uno de los aeropuertos más grandes del mundo, del que íbamos a estar orgullosos. Que serviría para recibir a cientos de aviones, miles de toneladas de carga y millones de turistas al año hacia nuestro País; tendría tres o cuatro pistas y estaría a un paso de la Ciudad de México.
Andrés Manuel preguntaba qué se iba a hacer con los habitantes de los alrededores del Lago, como San Miguel Atenco, Texcoco y una docena más de pueblos originales, quienes han estado ahí desde antes de 1521 en que Hernán Cortés llegara a Tenochtitlán.

Que se sabía que los empresarios tenían planeado hacer la “Acrópolis”, que sería una gran ciudad alrededor del aeropuerto, con hoteles de lujo, casinos, edificios exclusivos y que esa era la verdadera finalidad de la construcción. Además de edificar donde se encuentra el aeropuerto Benito Juárez, una enorme colonia tipo Santa Fe, con grandes edificios, comercios y hoteles de lujo, en las 600 hectáreas de terreno que tendrían al destruir el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Por otra parte, se utilizaría toda el agua que se usa en los pueblos aledaños ya mencionados, donde no va a haber agua ni para las parcelas, los animales, ni para los seres humanos que ahí habitan. Además que el Lago de Texcoco es un receptor de agua de varios ríos que la vierten a los pozos friáticos de la Ciudad de México y la zona metropolitana.
De que es un gran negocio para las grandes empresas no hay duda, pero sólo se van a beneficiar un Slim, un Balleres, un Larrea y alguno que otro más. Las verdaderas ganancias se van a los bancos extranjeros, a los millonarios neoliberales, con el cuento de la globalización. Capitales a los que no les importa el ser humano sino su propio individualismo acaparador de riquezas que son del mundo entero, menos de los pequeños empresarios mexicanos que apenas sacan para vivir, pues ni siquiera toman en cuenta a los PYMEX
Eso es parte del pasado. Y como dice López Obrador: “Cálmense y comiencen a entender que este gobierno ya no es igual a los otros; que ya está cambiando y yo no estoy de adorno ni soy florero”.

Por: Rafael Benabib / [email protected]