Inminente el 20 de noviembre para el 108 aniversario en el puente largo del 20 de noviembre, asumámonos revolucionarios, Puebla. Tal como ahora que los “memes” son fundamentales en el desahogo del auténtico sentir de los jóvenes –otro de los sectores agobiado por los gobiernos priazulados–, en aquel entonces la imprenta de Gilberto Carrillo, al mando de Aquiles Serdán, publicó el semanario “La No Reelección”, con un tiraje mínimo pero con golpes espectaculares propagandísticos antiporfiristas. En uno de sus números se decía que la República sería salvada no por los hombres acostumbrados a gobernarla en forma despótica, sino “por los hombres que no hayan manchado su conciencia cometiendo atentados contra la Ley”. Cuando se efectuaron las elecciones de 1910, Francisco I. Madero Pancho fue encarcelado y Porfirio Díaz declarado vencedo; luego aquél liberó a Madero y éste emigró a Texas. Poco después, Aquiles Serdán se reunió con Madero y regresó a Puebla a finales de octubre, con la encomienda de liderar la rebelión anti reeleccionista en su ciudad natal. El 17 de noviembre, el gobernador poblano recibió informes de que Madero había llamado a sus seguidores para que iniciaran la revuelta, el día 20, así que ordenó que a la mañana siguiente se realizara un nuevo cateo para detener a los Serdán. Avisado de que el levantamiento corría peligro, ese mismo día Aquiles reunió a sus seguidores y propuso adelantarse a la fecha establecida. En la mañana del 18 de noviembre, cuatro policías al mando del coronel Miguel Cabrera efectuaron un cateo en la casa de los Serdán. Durante esta acción Aquiles, al abrir la puerta de la casa y ver que era Miguel Cabera con la policía, le disparó matándolo; los rebeldes ocultos en la casa mataron al sargento Vicente Murrieta y capturaron al mayor Modesto Fregoso. Los demás policías presentes en el cateo, Blas López y Manuel Barroso, lograron salir con vida y dieron aviso al cuartel. Mientras llegaba el resto de la policía, los rebeldes se organizaron en el interior de la casa. Al mando de Máximo Serdán se apostaron en la azotea, mientras las mujeres de la familia Serdán y Aquiles se apertrechaban en la planta baja. La batalla entre los policías y los rebeldes conspiradores duró cuatro horas y media, al término de la cual habían muerto Máximo Serdán y todos los conjurados que estaban en la azotea. Alrededor de las doce de ese 18 de noviembre y antes de que la tropa entrara a la planta baja para buscar a Aquiles Serdán, éste se escondió en un agujero del piso de su recámara que, formado por la remoción de las tablas, habían usado para ocultar armas. Su esposa, Filomena del Valle le ayudó a ocultarse colocando las tablas del piso en su lugar. Ahí estuvo catorce horas, en tanto las mujeres eran aprehendidas. Como en el cateo y la búsqueda no había sido hallado Aquiles, unos veinte soldados se quedaron en la vivienda. Al dar las diez escucharon unos ruidos cerca del comedor que los alertaron. Estando al mando de la tropa, Porfirio Gómez y Francisco Lozano relataron la muerte de Aquiles. Contaron que alrededor de las dos de la mañana escucharon varios disparos provenientes del comedor, y que al llegar a ese sitio había nueve policías contemplando a un hombre muerto en la entrada de la estancia. Había intentado escapar a escondidas. Una vez encendidas las luces, se dieron cuenta que el muerto era Aquiles Serdán, de manera que dieron aviso a Joaquín Pita, el jefe político de la ciudad quien ordenó que el cadáver fuera llevado a la penitenciaría de la ciudad. Morelos. Ante la repetición del fraude para imponer a Porfirio Díaz en la Presidencia, agrupados en el club antirreeleccionista “Patricio Leyva” los jefes de los pueblos de Cuautla y Cuernavaca se organizaron durante los últimos días de diciembre para proseguir, ya no sólo las manifestaciones de protesta contra el régimen porfirista, también acciones de sabotaje. De cara a las noticias del asesinato de los Serdán y Puebla y el activismo de Madero, el 11 de marzo de 1911 Pablo Torres Burgos, Rafael Merino y Emiliano Zapata se amotinaron con gente de las comunidades de los alrededores de Villa de Ayala, desarmaron a la policía del pueblo y se leyó el Plan de San Luis Potosí en el kiosco de Villa de Ayala. Inició así la revolución maderista en Morelos. Los últimos días de ese mes, la gente amotinada saqueó las tiendas de Jojutla y Tlaquiltenango. En abril, jefes al mando de Zapata se apoderan de Yautepec y Jonacatepec. En mayo, en una de las batallas más sangrientas, Zapata en persona toma Cuautla y comienza poco a poco el lanzamiento del Plan de Ayala meses después. Se le denominará la revolución zapatista… (Me leen después). 

Por: José Manuel Pérez Durán

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