El 2 de octubre de 2012, escribía esta columna sobre el inicio de la Nueva Visión. Hoy 2 de octubre de 2018, no se olvida que aquellas señas de mal inicio, fue una señal corta de la tragicomedia que hoy deja ese gobierno a los morelenses.

Regresemos el tiempo: iniciaba el evento en la plaza de armas, donde se dieron cita personajes de la clase política nacional; gobernadores, representantes del Presidente de la República y del Presidente Electo. Desde ese entonces se vislumbraba el poco respeto al recinto del Poder Legislativo, mismo espacio que seis años después fuera polémico por su innecesario nuevo edificio, construido a sobreprecio, mal ubicado y habiéndose conocido los negocios que ahí se generaron y que esperemos, se investiguen.

Hace seis años a la vieja usanza, se escucharon buenas intenciones; emocionado, algo presuroso el entonces Gobernador Ramírez inició cambiando nombres o cargos a los invitados de primerísima fila, era notable su euforia en la primera fiesta cívica como Gobernador.

De fondo, fue un discurso fiel a su carácter, donde la expresión corporal aducía mando y en repetidas ocasiones se mencionó la palabra “vamos” abriendo la expectativa que sería un gobierno incluyente; seis años después, pesó a los morelenses que las decisiones se tomaron en familia y los intereses se guiaron entre venganzas y lucros.

Los morelenses vivimos un sexenio en el cual la constante en lugar de ser la unidad, fue la segmentación; el estar sometido a los designios del gobierno o ser su enemigo. No había alternativas políticas para quienes fueron sus leales, no se permitía ser autocrítico dentro del gobierno y tampoco existió voluntad de hacer equipo, la familia mandaba y los demás eran subalternos. Fue el gobierno del te compro o te agravio. Perdieron mucho tiempo generando disputas en lugar de propiciar entendimientos.

Recordamos como el entonces Gobernador Ramírez lanzó en 2012, la petición al representante del gobierno calderonista para que Morelos recibiera una participación federal extraordinaria en el rubro de seguridad, así como la reasignación de los subejercicios, al final del párrafo, el orador principal retiró su atención al discurso y miró al entonces Secretario de Energía, simulando un primer logro de haber fincado el compromiso, entre torrenciales aplausos de la concurencia, cuando lo único que se observó del representante calderonista aludido, fuera una réplica fría y gesticulada de “llevar el mensaje al Señor Presidente”. Desde ese día fue una constante en diversos temas que de la expectativa a la realidad, se les caía la sopa.

Finalmente, terminó otra administración; lo expresábamos en aquella columna, que la mejor forma de ayudar al entonces Gobernador, no se alcanzaría en el besamanos y que de así hacerlo, eso sería el epitafio de la “Nueva Visión”. Tristemente, pasó.

Se fue la Nueva Visión y con ellos dos legislaturas vergonzosas; donde diputados del PRI, PAN, PRD, PVEM, Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza nunca se dieron a respetar. Jamás fueron contrapeso efectivo y siempre que temporalmente simulaban serlo, fue sólo para lucrar con jugosos beneficios personales.

Recordamos el 2012. Un Gobierno que iniciaba entre muchos jefes y pocos apaches, así se tituló aquel día esta columna. Paradoja o no, el gobierno novavisionario terminó entre pocos jefes y el sacrifio de muchos apaches.

¡Adios Nueva Visión! Nunca olvidemos sus rostros, sus cómplices, sus egos, arrebatos y divisionismos. Que nunca más se repita algo igual. Aprendamos: memoria para no volver a equivocarnos y que nadie intente separarnos como morelenses.

 

Por: Guillermo Amerena Betancourt

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