La noche del miércoles pasado, en la avenida Universidad de Cuernavaca fue asesinado el ambientalista Rodrigo Morales Vázquez, quien se opuso al basurero de Loma de Mejía. Dos días después, la Comisión Estatal de Seguridad Pública presumió un incremento de cámaras de videovigilancia, de 600 hasta mil “para contener el índice de inseguridad en el estado”. El asesinato de Rodrigo, ¿será una estadística más en la impunidad? El tiempo pasa pero no olvida. Temprana la mañana del 20 de febrero de 2019, tocaron a la puerta de la casa de Samir Flores Soberanes, en Tetelcingo municipio de Temoac. Aún no amanecía, dos automóviles pararon frente al domicilio, lo llamaron para que saliera, abrió y le metieron cuatro balazos, dos de ellos en la cabeza. Samir fue un activista social de la región oriente que se opuso a la planta termoeléctrica de Huexca, y hasta hoy su muerte permanece en la impunidad. Era sobrino de Vinh Flores Laureano, un joven profesor vecino de Amilcingo que lideraba causas sociales en comunidades de la zona oriente y en 1976 apareció muerto en los límites de Puebla y Morelos. Al liderazgo de Vinh se debe la creación del municipio de Temoac, en marzo de 1977… A LOS damnificados de Tlayacapan por las inundaciones causadas por los aguaceros de la semana anterior habría que apoyarlos no sólo repartiéndoles gel antibacterial y colchonetas, también entregándoles dinero en efectivo, como sí suele hacer el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Luego de enterarse que el agua se llevó bienes materiales y vidas de personas, los lugareños recordaron que diez años atrás también fueron inundados. Coincidió más o menos con la más grande inundación en Yautepec, cuyo río sobrepasó dos metros y los perjuicios fueron ciertamente graves, pero no tanto como once años más tarde cuando el caudal rebasó los diez metros sobre las orillas del cauce. De las 11 de la noche del martes 25 a las 4 de la mañana del miércoles 26 de agosto de 2009, la intensa lluvia y el torrente acumulado desde Los Altos de Yautepec provocaron una terrible crecida que alcanzó casi once metros. En cinco horas pasaron como caballos desbocados 108 metros cúbicos por segundo. Incontenible, la corriente inundó dos mil casas, el Mercado Municipal, cientos de comercios en el centro de la población y una veintena de escuelas. Mientras en el centro el aluvión alcanzó quince calles cubiertas por 60 centímetros de lodo, se perfilaron al desastre las colonias Santa Lucía, Flores Magón, Itzamatitlán, Jacarandas, Ixtlahuacán, Felipe Neri, Centro Rancho, San Juan y Cuauhtémoc... Tratándose de inundaciones, los de Cuernavaca estamos en la gloria. Sabemos que nos llueve de noche y a ratos a cubetazos, como sucede por estos días. Los relámpagos iluminan el horizonte, y cae tanta agua que parece que el cielo se va a caer. El agua se precipita en las calles empinadas convertidas en ríos que poco tardan en descargar en otra bendición, las barrancas, gracias a las cuales aquí hay muy pocas inundaciones. A la mañana siguiente vuelve a brillar el sol, los pájaros que durmieron envueltos en sus alas se sacuden el agua de las plumas, cantan felices y las plantas cantan en silencio, alegres, alimentadas por la humedad y la combinación de los rayos solares. Una maravilla que no tienen en otras ciudades... (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán jmperezduran@hotmail.com 


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