Moscú.- Previo al vital juego frente a Argentina en el Mundial de Rusia, el capitán de Nigeria, John Obi Mikel, vivió un verdadero infierno, al enterarse que su papá había sido secuestrado.
“Jugué mientras mi padre estaba en manos de los delincuentes. Tuve que suprimir el trauma. Estaba emocionalmente angustiado y tuve que tomar una decisión sobre si estaba mentalmente listo para jugar. Estaba confundido. No sabía qué hacer pero, al final, supe que no podía dejar ‘tirados’ a 180 millones de nigerianos”, declaró el futbolista.
De igual manera, el jugador del Tianjin TEDA agregó que prefirió no contarle nada al equipo, para no causar preocupación.
“Solo un círculo muy reducido de mis amigos lo sabía. Tampoco quería discutirlo con el entrenador porque no quería que mi problema se convirtiera en una distracción para él o para el resto del equipo antes de un partido tan importante”, explicó.
Afortunadamente su padre, quien ya había sido víctima de este mismo delito en 2011, fue liberado, pero se encuentra en un hospital con cuidados especiales por el daño físico que sufrió.

Staff Diario de Morelos

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